ULTIMA HORA

“BONIATO HILTON” (sin Hábeas Corpus)

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Por Esteban Fernandez
Entre el millón catorce de derechos conculcados al pueblo cubano sin lugar a dudas que uno de los más importantes es el Hábeas Corpus. En los países civilizados mediante el Hábeas Corpus se evitan las detenciones y arrestos arbitrarios.

El Hábeas Corpus es el derecho que debe tener un individuo a ser presentado en el Juzgado de Instrucción antes de 24 horas de ser detenido y el juez, acto seguido de escuchar los motivos por los cuales fue detenido el acusado, decide cuando será juzgado. O ahí mismo lo sueltan para la calle.

Como les dije, ese derecho fue eliminado en Cuba desde el mismo primero de enero de 1959, por lo tanto usted puede preguntarle a los menores de 50 años cubanos y muy pocos tienen una idea de lo que eso significa.




Uno de los que sufrió esa incongruencia judicial fue un empleado del Ralphs Supermarket que conocí hace poco en una de mis visitas constantes a ese establecimiento. A los 10 minutos ya me di cuenta de que el hombre que estaba poniéndole precios a los productos era un compatriota recién llegado de Cuba y comencé a hablar con él y me cayó bien desde el instante en que me dijo que había estado cinco largos años preso en varias cárceles de la Isla e insistía en decirme que “la peor era Kilo7″.

Cada vez que Juan me pasaba por el lado yo lo acribillaba a preguntas. La primera, lógicamente, fue: “Oye chico, y ¿por qué estuviste preso?” Se sonreía y me decía dos palabras: “Por gusto”… Pero -como desde hace mucho rato vivo en los Estados Unidos ya estoy acostumbrado a que aquí el 99 por ciento de los presos juran y perjuran su inocencia- yo no le creía a Juan.

Cuando ya me estaba aburriendo de los pocos detalles que podía y tenía el chance de darme en horas de trabajo le dije: “Oye, mi hermano, te invito a lonchar porque quiero que me dediques una hora a contarme todo lo relacionado con tu encarcelamiento”.

Se rió y me dijo: “Mi socio, ya me he dado cuenta de que tú eres un enemigo jurado de Fidel Castro, estás buscando que yo te cuente mi heroicidad en la lucha contra el gobierno cubano y tengo miedo a decepcionarte y que no quieras ni pagarme el hamburger que me voy a comer” Nos reímos y nos fuimos a almorzar juntos.

Todavía no le había dado ni dos mordidas al Big Mac de McDonald de la calle Balboa cuando comencé a atosigarlo: “Dime, suelta el gallo ¿qué fue lo que hiciste contra la dictadura?”

Se embulló y comenzó a contarme: “Eran más o menos las 12 del día, yo iba manejando un cacharro por la carretera, iba despacio y tranquilamente tarareando una canción de Lino Borges” y absurdamente le pregunté: “¿Vida consentida?” Un poco molesto (parecía que le incomodaba recordar) me dijo: “Oye, la canción es lo de menos, no me interrumpas que antes de 10 minutos tengo que regresar a trapear el piso del Ralphs que ustedes ensucian”. Y le dije: “Disculpa, prosigue”.

“No, no te preocupes, la historia es muy corta: De pronto me di cuenta de que me había quedado sin gasolina, me bajé del carro, cogí un botellón que tenía y salí caminado rumbo a San Nicolás que era el pueblo más cercano”.

“No había caminado ni medio kilómetro cuando se me encimó un camión lleno de milicianos. Uno de ellos extremadamente bravo le dijo a los demás: “¡Sí, este mismo es, este es parte del grupo de hijos de perras que están robándose y descuartizando las vacas en toda esta zona”

Me recordó cuando fui acusado de quemar cañaverales (ya les conté eso) junto al Comandante Enrique Borbonet, pero no dije nada para que no me regañara de nuevo por interrumpirlo.

Y siguió hablando: “Ahí me llevaron para el Municipio de Nueva Paz donde me tuvieron un montón de horas en la P.N.R. acosándome con cientos de preguntas sobre las vacas desaparecidas. Tremendo berrinche que cogieron cuando les dije: ¡Qué vacas ni qué vacas si hace más de dos años que yo no veo un bisté!”

“Me llevaron para La Habana, para La Cabaña, tú no me lo creerás pero allí conocí a un ancianito que llevaba muchos años preso y me contaba que al principio de su cautiverio por las noches él sentía los tiros cuando estaban fusilando a prisioneros, me dijo que era la época en que el Che estaba en su apogeo matando cubanos”.




“Después de dos semanas pararon abruptamente de interrogarme, no me hicieron más caso, me ignoraron, me tiraron en el montón, creo que estuve en La Cabaña más de un año junto a los presos comunes, de ahí estuve en diferentes cárceles, la peor te dije fue Kilo 7, después de llevar varios años detenido injustamente me llevaron para Boniato en Santiago de Cuba y tuve la suerte que antes de dos meses se apareció de visita Juan Almeida Bosque”.

“Cuándo me pasó por el lado me atreví de lejos a gritarle: “¡Comandante, comandante, soy Juan y quisiera hablar con usted!” Almeida reculó, se me acercó y me preguntó en forma agresiva: “¿Y… a ti que te pasa?”

“A la velocidad de un cohete le dije lo mismo que te he contado a ti, y él no sabía si reírse o ponerse bravo cuando me dijo: “Oh no, según me han dicho a toda esa pandilla de cuatreros los cogimos y los condenamos a 15 años de cárcel, recoge todos tus matules y vete pal’carajo”…

El difunto Almeida no me pidió disculpas aunque lo cierto era que en ese instante yo tenía ganas de darle un abrazo pero me cortó -supongo para no lucir benevolente ni flojo delante de sus subalternos- diciéndome: “Oye tocayo, si me entero que tuviste algo que ver con las vacas perdidas yo mismo te voy a buscar a tu casa y te fusilo”.

Y, como los cubanos podemos burlarnos de nuestras propias desgracias, me miró, se rió y terminó la conversación diciéndome: “Gracias, ese cheeseburger con papitas y Coca Cola fue más que todo lo que comí en Boniato Hilton” … Y yo para no quedarme atrás le dije: “Oye, Juanito, si me entero que lo que me cuentas no es cierto voy a tu casa en Glendale y te fusilo”…

Pero…como todos los recién llegados si no la cagan a la entrada la cagan a la salida, me dijo: “Oye, si escribes esto en el periódico no menciones mi nombre, porque eso puede perjudicar a mi familia y a lo mejor voy de visita allá el próximo año”.



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