¡Brutal! La Falacia de las dos emigraciones. Augusto Obrigado.

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La Habana/Augusto Obrigado. La emigración cubana es un fenómeno político, quienes intentan definirla sólo a través de la economía obvian el entramado dialéctico que une a los sucesos sociales. Se trata de argumentos sin peso, que sólo tienen cabida en las recepciones diplomáticas y los eventos oficialistas concebidos para tapar una realidad demasiado evidente. Nadie sale de Cuba con un cartel que diga “emigrante económico” o “emigrante político”, ni el gobierno del archipiélago ha dado muestras de estudios académicos sociológicos reales, sobre los cuales cimentar su bizarra clasificación. Es el viejo juego de las argucias dialogueras, donde para todo se busca una justificación o se fabrica un culpable. Un médico recién graduado que gana 20 dólares mensuales, en un país de economía dolarizada, no sólo cuestionará el desigual arreglo político, sino que verá en la emigración la única salida para su drama económico.
Es lógico que un pueblo al que le fueron cercenadas las vías reales de participación en el poder a través de sistemas de votación mediados e interruptos, quiera salirse de esa política inmóvil. Porque además, la monarquía reinante se armó hasta los dientes y le paga a un ejército inmenso con salarios de mercenarios, burbuja militar que le recrea a dicho sector una realidad otra, distanciada, irreal. Rodeado de anillos de acero, aislado de las legítimas reclamaciones del pueblo, conculcados todos los derechos que hagan contrapeso al poder; el diseño estatal cubano se presenta como irrebatible. El rey puede sentarse en su trono a clasificar, a decir, a parlar como cotorra de la historia. Se argüirá también el bajo número de disidentes declarados, como si disidir en la sociedad cubana fuese fácil, como si oponerse al monarca no entrañara los mil y un peligros sin garantía legal alguna. Los pocos disidentes no implican poca oposición, sino la mucha represión y esa es también una de las razones políticas que llevan a la emigración.


Vivir en Cuba es vivir en cadenas, o sea lo contrario de lo declarado como proyecto en el sentido de nuestra República fundacional. Se despierta cada mañana bajo los bocinazos alienantes de un sistema que sólo grita, porque se vació de argumentos. La obsolescencia no sólo toca a las fábricas de la era soviética, sino a las fábricas ideológicas que ensamblan escasez y frases hechas. Pura miseria de la política, pura emigración en potencia. Nadie puede decir que el sistema isleño es agradable, ni que se vive libre de controles absurdos y bagatelas estúpidas elevadas a las categorías de glorias, nadie puede negar que la dictadura superó por mucho el manejo de las mentes y las vidas de otros regímenes. Aquí o se vive dentro del sistema o no se concibe la vida, tal es así que la vida es sinónimo de muerte cotidiana. Al final de ese túnel sin luz está también la emigración.
Pero el canciller cubano sigue hablando de emigración económica y de Ley de Ajuste, y cae en contradicciones propias de la política que mal defiende. En su cerebro comprado y diseñado a la medida de la dictadura no cabe la lógica elemental, para él si A ═ B ═ C no hay la conclusión de que C no puede ser diferente a A. Cualquier país de América del Sur tiene una emigración en los Estados Unidos, flujo motivado por la economía pero también por la política. Entre los mexicanos que cruzan el Río Bravo hay argumentos contra la partidocracia de su país, ergo, su emigración no es puramente económica. Entre los centroamericanos emigrados se oyen críticas al estado de ingobernabilidad y perpetua guerra de sus países, y eso también es hablar de política. El gobierno cubano hace piruetas diplomáticas, pinta cuadros, desdibuja, sueña con coger dólares y endurecerse en el poder. El pueblo se aleja de todo eso, lo vende todo, sólo intenta huir, escapar, como el prisionero del campo de concentración que lo perdió todo incluido su pensamiento crítico. El pueblo es un sobreviviente con mentalidad de sobreviviente, incapaz muchas veces de retornar a la arena política aunque lo presidan fuertes argumentos contra el opresor.
Hablar de emigración económica y emigración política es como partir una persona a la mitad y divorciar ambos pedazos. Dualidad incómoda que sólo resulta lógica en la ilógica del poder que aspira a embadurnarse de razonamientos engañosos. La cancillería cubana es un estudio alquimista de donde salen los filtros reservados a adormecer la conciencia crítica internacional. Pero la historia se encargará de vaciar la invalidez de esa argumentación, porque la emigración no se mueve a causa de una ley de ajuste, ni la motiva otro nivel adquisitivo, ya que en la base del fenómeno está la caducidad de un sistema corrupto y mentiroso que ya no puede inventarse más. Si la ideología estatal está en problemas, eso es un problema de los chamanes oficiales. No toca al pueblo otra cosa que su libertad y sus derechos. Si el débil consenso en torno al núcleo duro se ha roto en pedazos recalcitrantes, nadie de los honestos vendrá a darle validez a la imagen. Toca a los cubanos dirimir qué quieren para sus vidas, más allá de los colores ideológicos en crisis o no, oficiales o no.


La cancillería es una alquimia, el sistema también, sólo nos queda lo real y lo real son un montón de jóvenes muchos de ellos talentosos que cruzan las fronteras y huyen. Se podrá decir esto o aquello, pero el viento se llevará las palabras.

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