Carta del Dr Biscet a Barack Obama

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Dr Oscar Elías BiscetOSCAR ELÍAS BISCET

Diario Las Américas

Esta es la Constitución que rige en el país. Este es el adefesio constitucional de 1976 que institucionaliza la dictadura de Castro y violenta nuestras libertades y derechos humanos

La visita del presidente Barack Obama a la Cuba comunista despertó el interés en los diversos medios de prensas internacionales -ABC, Efe, AP, Voz de Las Américas, Washington Examiner y otros- y en algunos de mis conciudadanos con la pregunta de que si asistiría al encuentro con el presidente estadounidense.

Mis respuestas fueron que hasta el momento no había recibido invitación para ese encuentro de Obama con la disidencia. Otras personas daban por hecho mi invitación con Barack. A estos les respondí que no era una obligación esa propuesta y que soy un fuerte oponente de este acercamiento que da legitimización y favorece más a la dictadura de Castro que al pueblo cubano.




No obstante, decidí elaborar algunas ideas sobre temas que me preocupan de derechos humanos y la libertad de Cuba. Expongo mis ideas por el creciente interés público.

Presidente Barack Obama. Excelencia, quizás sus compatriotas de la embajada ya le hayan hablado sobre mis intensas reservas al plan de acercamiento cada vez más avanzado de su Gobierno con la dictadura de Castro. Sin embargo, deseo no causarle pesar por mi exposición; sino que me observe como la continuación del ejemplo patriótico de James Mason y Patrick Henry que protestaron fervientemente en el Congreso de Virginia y se opusieron a la Constitución federal hasta que se le adhiriera una carta de derechos que defendieran las libertades inalienables de los ciudadanos americanos.

Después mostraría un pequeño libro al presidente Obama. Esta es la Constitución que rige en el país. Este es el adefesio constitucional de 1976 que institucionaliza la dictadura de Castro y violenta nuestras libertades y derechos humanos.

Presidente, según un conciudadano de Ud., James Madison, “La acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo, judicial, en las mismas manos…, se puede señalar con justicia como la definición misma de tiranía”. Presidente, en esta Constitución comunista se cumplen con fidelidad los conceptos referidos por Madison.

Al término de esta conceptualización mostraría otro libro de bolcillo al Sr. Obama. Este libro es la Constitución de 1940, que institucionaliza la democracia y garantiza el Bill of Rights cubanos. Esta Ley Fundamental fue aprobada libremente por el pueblo cubano y todos los partidos políticos de la época, incluso el comunista.

En febrero de 1959 Castro quebrantó la Constitución de 1940, la suspendió de facto y nunca ha sido abrogada de jure, al imponer su Ley Fundamental. En esta aparecen nuevos artículos que favorecieron los fusilamientos en masas por causa política, la confiscación de bienes arbitrarios y las sanciones por la acción retroactiva de las leyes. No obstante la Constitución de 1940 está vigente aunque no en la práctica. Ella es la que declara ilegitimo al régimen castrocomunista.

Acto seguido mostraría en el mismo plano las dos constituciones y movería una en mi mano y dijera, esta, la socialista, garantiza la tiranía; y después, con la otra, expresaría, esta Constitución de 1940 asegura la República libre de Cuba con su carta de Derechos.

Presidente, quizás toda esta historiografía no sea de importancia para algunos pero sin la historia no podemos ser civilizados. Tampoco estoy atado al pasado. Por promover y defender los derechos humanos fundamentales la policía política castrista y sus acólitos me han golpeado salvajemente, me han roto la cara, diente, hueso, me pegaron en la piel un cigarro encendido en un cuartel de policía, he cumplido injustamente 12 años de prisión e incluso me han torturado.

Mis conceptos en el amor al Dios Bíblico me han hecho adherirme a la lucha cívica activa no violenta, me opongo al mal con el bien y he podido perdonar a mis victimarios. Pero esto lo puedo hacer porque son mis heridas, es mi dolor, que pudo sanar con mi amor ágape. Sin embargo, ese mismo amor me imposibilita perdonar todos los crímenes violentos de la tiranía de los Castro.

Imposible olvidar al joven mártir por la libertad de Cuba, Jesús González, que fue fusilado cuando tenía 17 años de edad, en 1962, pero lo más perverso de la historia es que a su hermano Teodoro los guardias castristas del penal, ante de fusilar a su hermano, fueron hasta él y lo llevaron hasta el paredón y le dijeron ¡Mira y oye como vamos a fusilar a tu hermano y después te lo haremos a ti! Él tan solo tenía 16 años, por lo que se salvó del paredón. Hoy es un anciano que vive en Miami atormentado por los viejos fantasmas de la torturas del régimen socialista de Castro.

En el 2003, durante la Primavera Negra, tres jóvenes fueron fusilados por el régimen socialista, fueron escogidos porque eran personas de la raza negra y no bien agraciado en belleza, Fidel Castro sabía que no habría una conmoción nacional por el racismo y prejuicio exaltado por su socialismo. La perversión fue que Castro conocía que no era un caso legal para la instrumentación de la pena de muerte, y la aplicó para amedrentar al pueblo interesado en libertad. Castro tuvo la desvergüenza de decir públicamente que si tuviera que hacerlo otra vez lo haría. Aunque recibió la condena de la opinión pública internacional no le importó esas críticas.

La lista de esos crímenes es extensa, evitemos su continuidad al futuro. Por eso es imposible dejar en el olvido esos crímenes porque lo impide el amor a la justicia. Hacerlo sería volverse cómplice de esos asesinatos y defenestrar el luminoso camino de la justicia.

Queremos libertad total e inmediata para el pueblo cubano, amparados en la carta de Derechos cubanos, del Capítulo IV de la Constitución de 1940. Libro que me impidieron regalarle al estar ausente en la cita. Más la verdad no podrán ocultarla por siempre. Gracias, señor Presidente.

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