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Castrismo o no Castrismo: Esa es la cuestión clave cubana.

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Cuba, New York/OrlandoMe da mucha pena redactar estas líneas. Me da mucha pena con este país que me dio refugio por la represión que yo sufrí en el mío, la Cuba de Castro. Es triste asistir a la decadencia moral de los Estados Unidos de América, una nación que ya no significa para los cubanos un sinónimo de democracia, ni un aliado en la lucha por los derechos del ciudadano, sino todo lo contrario: un enemigo enfermo de intolerancia ideológica y, aun peor, de complicidad con muchas dictaduras del mundo, especialmente con la dictadura más larga de este hemisferio, la aun llamada Revolución Cubana (un régimen que, desde el 1ro de enero de 1959, nadie en Cuba libremente eligió).

Todo lo que toca a la tiranía, se tiraniza al instante. Esa es la ley de la selva incivil. Así que ahora le toca el turno al Havana Film Festival de Nueva York, un evento cuya 18va. edición va a celebrarse del 30 de marzo al 7 de abril de 2017. En dicho festival cinematográfico, acaban de censurar al filme cubano Santa y Andrés, dirigido por Carlos Lechuga (residente en Cuba). Su película ya no podrá ser parte de la competencia Havana Star Prize, el premio que entrega dicho festival. Como compensación, el filme se exhibirá, pero fuera de competencia: como un rara avis caído de otro planeta, como un bicho contagioso que es mejor aislar de toda legitimación internacional, como un producto mas o menos asqueroso que debe dejarse en manos de la arqueología (y de la Seguridad del Estado castrista y sus tentáculos extendidos a todo el mundo democrático).

La directora ejecutiva del Havana Film Festival de Nueva York, Carole Rosenberg, ha entrado de inmediato en estado de negación, ese peculiar síndrome cínico que sufren los intelectuales inocentes ante las dictaduras de izquierda, las que se disfrazan, como Marx y el Mercado mandan, de utopías proletarias que combaten al capitalismo global.

En marzo 16, Rosenberg declaró al periódico El Nuevo Herald que su festival no ha recibido presiones desde La Habana, donde ya el filme Santa y Andrés fue censurado también, sino que el festival por sí mismo ha decidido censurar de la competencia a dicho filme, después de haberlo anunciado como parte de su programación, “debido a los tonos políticos de lo que se ha publicado en internet”, ya que “nuestra misión es construir puentes y siempre nos hemos mantenido fuera de los asuntos políticos de ambos países”: o sea, resumido en términos muy groseros, porque “no nos metemos en chismes políticos”.

La censura ocurre simplemente porque Santa y Andrés narra con sinceridad lacerante la represión en la Cuba de Castro contra un escritor homosexual, en la década de los 80s. Punto y aparte. La censura ocurre por miedo y por mediocridad del Havana Film Festival de Nueva York. Porque en la Cuba de Castro primero hay que ser revolucionario, si es que se desea llegar a ser escritor. Porque en la Cuba de Castro no existe un homosexual que no tenga que confesarse primero como un sujeto revolucionario. Rosenberg no recuerda los campos de trabajos forzados a donde muchos escritores, homosexuales y -horror de horrores- escritores homosexuales fueron encarcelados a finales de los años 60s en la Isla. Y nunca el Estado cubano ha pedido perdón.

De todas formas, Santa y Andrés ya se ha exhibido en plena libertad en los festivales de Toronto, San Sebastián, Zúrich, Ginebra, República Dominicana, Cartagena, Guadalajara, y Punta del Este, entre otros, pero en Nueva York será exhibida ridícula y patéticamente con los guantes groseros de la censura castrista.

El Havana Film Festival de Nueva York se inició en el año 2000 como una iniciativa del American Friends of the Ludwig Foundation of Cuba, una fundación sin fines de lucro que apoya a una supuesta ONG cubana con base en La Habana, la Fundación Ludwig de Cuba, aunque en realidad en la Isla todas las ONGs necesitan operar como parte del propio Estado cubano.

A pesar de que el website del Havana Film Festival de Nueva York declara que “los filmes elegidos cada año reflejan fuertes identidades sociales y culturales enraizadas en sus respectivos países”, en el 2017 podríamos decir que lo predominante de dicho evento será la debilidad, la hipocresía, la estafa al idiotizado consumidor norteamericano. No por gusto en el propio website se declara, sin ningún pudor, que ellos colaboran con el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, que es el mismo evento que a finales de 2016 censuró al filme Santa y Andrés en Cuba.

Pero tal vez la causa oculta de la censura de Rosenberg contra Carlos Lechuga sea que el Presidente de la oficial Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Miguel Barnet, un político comunista miembro del Parlamento Cubano (órgano que desde 1976 hasta hoy ha aprobado todas las leyes del Estado por unanimidad), es el invitado de honor a este festival. Este es el mismo Miguel Barnet que, poco antes de la muerte de Fidel Castro en 2016, declaró: “Fidel es gestor y artífice de la Revolución cultural cubana y de su política”, celebrando así el aniversario 55 del discurso Palabras a los Intelectuales, en el cual Castro impuso por la fuerza el dictum mussolinesco de que “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”.

Castrismo o no Castrismo: censurar o no censurar. Esa es la cuestión clave cubana. No further questions, Your Horror.

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