“Castro y la castración” Augusto Obrigado

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La Habana/Augusto Obrigado. Sin tener en cuenta la última voluntad del fallecido dictador Fidel Castro, sus seguidores mantienen en boga el nombre del susodicho “dios” en todas sus correrías y, aunque el diario Granma aclarara que estaban permitidos los festejos por el año nuevo, se hace evidente la compulsión oficialista de reprender a todo bebedor público, a todo díscolo que celebre o que se emborrache a sus anchas. Tal estrechez transcurre sin explicación, sin que medie ley ni decreto ni artículo oficial. Más de uno ha dado con sus huesos en las mazmorras por levantar el codo en estos días, ello cuando se hace evidente que muchos de los grandes festejos tradicionales de fin de año se aplazaron con motivo del deceso del Victimario en Jefe.
Es de esperar que, aunque Fidel dijera que no quería calles ni monumentos, estos hechos empiecen a transcurrir “por iniciativa del pueblo” que en su desolación no halla “consuelo” y ve en todo el rostro del jefe. El mortuorio se extiende a lo largo del tiempo y del espacio, como si fuésemos egipcianos que debiéramos descender junto al ajuar del Faraón Inmortal hacia la tumba que semeja un grano de maíz. Más de una boca ha sido rota en estos días en que sólo se permite la loa, más de un ser perdió sus derechos (si alguna vez los tuvo) por emitir un criterio irreverente ante la figura (¿o el figurón?) del Devorador en Jefe. La ingenuidad del graffitero “El Sexto” le mereció tal réplica, escarnio que cae sobre todas las cabezas habaneras como un bautismo policial. La incredulidad del pueblo, la falta de coherencia del régimen ante los últimos dictámenes de su propio líder, la persecución de voces críticas, la hechura de un culto a la personalidad que se anuncia perpetuo; todo ello prefigura la Cuba que el oficialismo le ofrece a los jóvenes que huyen, que se desbarran a través de innúmeras fronteras, que se fajan a los piñazos con los tiburones en plena tormenta marina.

El castrismo sin Castro parece peor que lo ya vivido, es sin duda una castración mayor. Sin antes teníamos un dictador tangible, ahora está el fantasma maleable, manipulable, que llevan y traen como justificación de males. “Fidel así lo quiso”, dirán muchos que roban, que extorsionan, que coartan las libertades del pueblo, que desconocen los derechos y se arrogan el título de defensores acérrimos de la libertad. Los castristas ahora estarán en su “Cuba”, esperando una posible ruptura de relaciones con los Estados Unidos para proseguir el gastado guión de los últimos cincuenta y tantos años. Historia del lobo y la caperucita que da dividendos y que sirve de coartada perfecta para tapar los inmensos agujeros de un sistema caduco, pero que el pueblo no halla cómo derribar puesto que fue castrado. La nueva castración es antigua, pero funciona. Escobita vieja barre bien. De hecho, en los últimos años se usaba la figura de Fidel para reforzar la debilidad (mortandad) ideológica del régimen, pues, cada vez que la línea discursiva lo necesitó, allí estaba el Líder, el Invencible, el Máximo, como reafirmación de la eternidad del sistema. Como todas las dictaduras, el castrismo está emparentado con los imperios antiguos, donde hubo una mezcla del culto a la personalidad y la deificación de los jefes políticos. Tiberio era a la vez el César y un “dios” para los romanos, fantasma que, una vez en el panteón del mármol, era inamovible, servía para cualquier fin ideológico imperial por muy descabellado que fuese.

Fidel es Fidel, dijo Roberto Chile y el artista Kacho, en su idioma particular, ladró: “adgadyu3 bbdwgy Fidel”, ambas definiciones parecen descabelladas y redundantes, pero son las fórmulas que el régimen tiene para el futuro. Aquellos que se llaman a engaño y creen en esa sustentabilidad se equivocan, pues el sistema presume de lo que carece. No hay futuro para nadie, excepto para el buchito de castroburgueses que perciben las ganancias de la finca, peso neto de un destino que no nos pertenece. Silvio Rodríguez se equivoca al decir que vive en un país libre y Pablo Milanés dio una pésima idea: “será mejor hundirnos en el mar”, iniciativa que de hecho está contemplada en los planes apocalípticos de quienes secuestran el territorio nacional y lo usufructúan a su antojo. La castración de fin de año permite entrever cuántas castraciones están por venir, si es que no tenemos un despertar del pueblo, algo que remueva las conciencias y las haga ir a la acción democrática.
Todo se lo dedican al dios y quieren llamarse “democracia”, reprimen a los borrachos y pretenden ser una “república”. Cuba no es un imperio por su pequeña extensión, pero se gobierna con mentalidad romana. La tumba del Faraón no es grande, pero es inmensamente pesada, es una piedra gigantesca sobre los hombros del pueblo y será siempre la espada de Damocles encima de cada cabeza que piense, de cada codo que se doble con agilidad por estos días. Ni siquiera Castro se salva del castrismo, mal que secuestra la figura de su Moldeador en Jefe para figurar los mil y un recovecos del totalitarismo por venir. Los romanos sin Roma, los socialistas sin socialismo, harán hasta lo imposible por prevalecer, Amaury Pérez dio otra idea macabra en una de sus canciones de la Nueva (ya vieja) Trova: “no lo van a impedir”.

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