Coraza de cocodrilo. Magistral Esteban Fernández, como siempre.

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Esteban Fernández

 Disfruto de las críticas constructivas de buena fe, pero como mis lectores pueden observar, casi nunca respondo a los pocos comentarios subidos de tono que recibo porque  considero que una  de las cosas más cómicas para un escritor es el lector masoquista.   En la categoría de los masoquistas caen  los que están en desacuerdo CON TODO lo que escribo pero, sin  embargo, siguen leyéndome.

Son poquitos pero constantes los que envian  correos electrónicos a los sitios de Internet poniendo en tela de juicio todo lo que digo.  Jamás ofrecen una palabra de encomio, nunca una aceptación o un elogio. No hay un Blog donde no me encuentre con los mismos críticos. Pero insisten en leerme. Yo, a diferencia de ellos,  no soy masoquista; sencillamente no les hago caso. A los vituperios no les doy ni un simple vistazo. Es decir que los masoquistas son ellos, no yo.

Para ponerles un ejemplo que les puede ser útil a esa gente: Hay un tipo que supuestamente es un buen escritor llamado Norberto Fuentes, pero que a mí me desagrada.  Leí su libro ‘Dulces Guerreros Cubanos’.  Me molestó, pero pensé que le podía dar una segunda oportunidad y  después leí un par más de sus escritos.  Experimenté la misma reacción.  Cuando lo leo, Fuentes logra muy  bien el difícil arte de irritarme. Y entonces,  COMO YO NO SOY MASOQUISTA,  no leo nada proveniente de esta persona.

Lo que yo hago con ese autor se  lo recomiendo a los que me lean y les disgusten mis comentarios: No me lean.  Por favor… olvídense de mí.  Yo,  después de 43 años en la palestra pública,  NO VOY A CAMBIAR mi modo de escribir, ni mis firmes ideas. Pueden ser opiniones absurdas y ridículas, a veces en son de coña, PERO SON CONSTANTES. Encima de eso,  NUNCA VOY A MEJORAR COMO ESCRITOR. Después de emborronar cuartillas haciendo miles de escritos  no voy a convertirme, de sopetón, en tremendo intelectual.  Los que insisten en leerme contrariados, les pido que pierdan la fe y no esperen un milagro.

En realidad,  el problema de mis  tres  o cuatro detractores no debe ser conmigo sino con un grupo de compatriotas llamados Abel Pérez, Zoé Valdés, Iliana Curra, Demetrio Pérez, Aldo Rosado, Pedro Pablo Arencibia, Lorenzo del Toro, Antonio Purriños, Liú Santiesteban, Guillermo Milán, Pedro Dólar, Ziva Sahl, quienes a contrapelo de opiniones contrarias,  no solamente gustan de mis comentarios,  sino que LOS PUBLICAN.
 
Y cuidado, porque es muy difícil saber quienes son los verdaderos criticones honestos y masoquistas y quienes son los  agentes castristas que están sentados ante sus computadoras en oficinas refrigeradas en el Ministerio del Interior de Cuba y que su única labor es formar confusión, neutralizar y hacer desistir a los anticastristas de seguir echándole con el rayo a la tiranía.

Conmigo pierden su tiempo ambos: los sinceros y los “Segurosos”;  los buenos y los malos, porque jamás, hasta mi último suspiro, voy a dejar de  barrer el piso con la dictadura y con sus apapipios y acólitos. Medio siglo de enemistad con el régimen, sin utilizar un solo seudónimo, debía ser más que suficiente para que los Coroneles de MININT les ordenen a sus subalternos: “¡Dejen al gusano ese que es incorregible!”…

Además, después de tantísimas décadas dando opiniones públicas, he logrado controlar mis sentimientos ante los rechazos. Y he conseguido que me resbalen repitiéndome cientos de veces sorprendido pero invariablemente riéndome: “Eh, ¿y el tonto de capirote este porqué sigue leyéndome si ya  descubrió hace mucho rato que yo no sé escribir?”…No hay tranquilidad más grande para un  divulgador de criterios que lograr  tener la coraza del cocodrilo y  que no le entren  ni le hagan mella las más virulentas  diatribas.

Y hay una tercera posición que no proviene de los castristas ni de los masoquistas: viene de los celosos, de los escritores frustrados, de los aspirantes a humoristas, que dentro de sus madrigueras se pasan las horas leyendo, redactando y preguntándose miles de veces: “Y este anormal ¿qué se cree, se considera un sabelotodo o se imagina que es Guillermo Álvarez Guedes?”… 

 No deben perder su tiempo interesados en todo lo que digo, en su lugar yo les pongo de tarea que cojan una libreta y una pluma y escriban todos los días 100 veces  14  sencillas palabras diciendo: “No me gustan los escritos de Esteban Fernández, no lo leo más y sanseacabó”.  ¡FELICITARÉ rotundamente a todo el que haga eso!

Esteban Fernández.

Amabilidad del autor. ¡Muchísimas gracias Esteban!

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