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Desde Cuba: ¡Cambiaremos los botes por machetes!

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Los oficialistas no debieran subestimar la valentía de un pueblo que conquistó la isla machete en mano, que no le teme al mar, que no le teme al sistema.

La Habana/Augusto Obrigado. El fin de la “Ley de Pies secos y mojados” ha hecho las delicias del gobierno cubano, fue el último regalo de la administración Obama a un régimen isleño que como el diablo bíblico ha mentido desde el comienzo de los tiempos. Donald Trump, por otro lado, hace un evento para inaugurar su temporada presidencial al cual no invita a los inquilinos de la embajada cubana en Washington, y el oficialismo isleño vuelve a temblar, pues se habla de revocación de las relaciones y de condicionar el “deal” que Obama estableció en su desordenada carrera política internacional.

Que Cuba es una dictadura y que nadie quiere vivir bajo una forma de gobierno así debería estar claro para cualquier cerebro pensante, también que los cubanos seguirán abandonando la isla hacia disímiles lugares y a través de bizarras vías, que nada parará ese éxodo que ya imita al del pueblo judío. Dividir a los emigrantes entre políticos y económicos es como separar ambas mitades del cerebro de una misma persona, como negar que existe una ciencia llamada economía política donde se explica que cada fenómeno trae aparejado un matiz cuya índole va más allá de lo meramente crematístico, dividir a los cubanos en generaciones, intereses, barrios, cederres, ha sido siempre tarea del sistema. Porque divide y vencerás. Ahora el régimen se las tendrá que ver con una gran masa descontenta y creciente, que creerá menos en los cantos de sirena del comité central del partido y temerá menos a la sirena de la fiana de la policía, un pueblo desarmado que tendrá el arma del arrojo y del no tener nada que perder y sí mucho que ganar: su libertad. El régimen cree que con esto debilitará al exilio, pero lo que crea es un exilio interno más peligroso para la existencia del status quo.

Los oficialistas no debieran subestimar la valentía de un pueblo que conquistó la isla machete en mano, que no le teme al mar, que no le teme al sistema. Ellos confían demasiado en el miedo, en lo que pueden oprimir, en su maquinaria, pero la Historia demuestra que esas piezas caen, que no hubo imperio ni rey infalible, ni gobierno defectuoso al cual no se opusiesen un hombre o muchos hombres. Ellos creen ser la Historia, el País, la Revolución, se han autoerigido en Grandes, y con eso piensan aplastar el pensamiento divergente, matar, silenciar, encarcelar, desorganizar, negar. Pero la propia dialéctica los contradice, y esos que imponen el estudio de un marxismo ortodoxo obvian que el oprimido luchará hasta el fin de sus fuerzas, por ser este precisamente un oprimido. Esta generación de desgaste que tenemos en el poder en Cuba se ha creído demasiadas cosas y ha hecho demasiado poco.

En la isla tenemos un salario promedio entre los 20 y los 40 dólares mensuales, una zafra fantasma y un turismo que no despega pues tiene uno de los índices más bajos de repitencia, o sea que los extranjeros que vienen una vez ya no vuelven (por algo será). Aunque cada año el gobierno diga por sus altavoces que se ha crecido más y que el año próximo la cifra será mayor, eso no lo veremos ni en el plato de comida, ni en los precios, ni en las tarifas que marcan nuestra vida y la hacen insostenible. Vivir en libertad sigue siendo el camino, y si no se puede hacer ya afuera, lo haremos adentro, ahora la olla cogerá presión, el monstruo implosionará, el país o se arregla o sucederá algo mayor, La Habana o se mejora o no habrá más capital de todos los cubanos. Con la cancelación de pies secos y mojados el gobierno tendrá que reprimir más, se desgastará en ello y la Historia demuestra que al final tendrá que ceder.

La posición del gobierno cubano es la de proteger supuestamente las vidas de quienes deciden irse por vías ilegales, pero en verdad eso deviene en una mascarada diplomática, pues al régimen no le ha importado desgastar esas mismas vidas bajo la bota opresiva interna que niega oportunidades, que cierra los horizontes. ¿Cuánto cuesta la vida en Cuba? ¿Valdrá la pena ser médico o abogado en la isla? Un país que no protege a sus profesionales, los pierde, y con salarios que a veces van hasta los 15 dólares al mes (un filólogo) no se sostiene una familia, ni se sueña, ni se hace nada más que pensar en emigrar. En los periódicos de la oficialidad se desgañitan los plumíferos con historias de familias deshechas por la emigración ilegal, pero obvian las familias pulverizadas por el puño vigilante del sistema que pide total adhesión a una causa absurda, que pide un pensamiento único, que exige una manera inhumana de ver las cosas, de asumir la vida. Así, los periodistas oficiales que narran la muerte de un primo o un hijo en el mar, no escribirán jamás de los campos de concentración de los años sesentas, de la parametración de cientos de miles, de cómo en pocos años fue cercenado el humanismo en este país para implantar una réplica soviética.

El miedo implantado por el gobierno no se discute en las Naciones Unidas, ¿eso no se considera una violación a los derechos humanos?, ¿no es causa suficiente para dejar la isla y buscarse un horizonte estadounidense, australiano, austriaco? Cuando el artista Kcho hizo su instalación llamada “Regata” quiso justificarse en la denuncia hacia una política externa, pero reflejó en verdad el deseo manifiesto de libertad del pueblo: cientos y cientos de botes destartalados que intentan irse. Ahora cambiaremos el bote por el machete mambí, no queda otra que inmolarse por la causa de esta libertad que queremos recobrar. Ya nos veremos las caras en las barricadas, la historia demuestra que allí mueren las sangres azules y renacen las esperanzas.

 

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