Final de la escena 52 con feos. Por Zoé Valdés

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52 años de dictadura castrista. Cada año se repite lo mismo, con algunas variaciones para entretener al exilio, cada año es como una escena de un guión mal escrito, de una mediocrísima película. Tengo la impresión de, que después de lo que hemos vivido, durante todas estas cinco décadas, ahora nos toca vivir el horror de manera más sutil. ¿Puede ser el horror sutil? Los Castro perfeccionaron la sutileza del horror. Fíjense en el último asesinato, que ellos enmascararon en muerte natural debido a una pancreatitis, después de haber, ellos mismos, molido a golpes a un hombre enfermo, a un disidente. Y aquí seguimos, aguantando. Por eso nunca nos acordarán ni el derecho a reconocer nuestras víctimas, a respetar a nuestros torturados, a recordar a nuestros desaparecidos, ni siquiera tenemos el derecho a que nos reconozcan que hemos sobrevivido al horror.
Fíjense lo que viene, lo que estoy viendo venir desde hace rato, fíjense bien, porque es de una sutilidad espeluznante. Muchos de mis amigos exiliados no han querido verlo, añaden que soy paranoica. Lo soy, tengo motivos para serlo. Después de habernos sembrado el exilio, sobretodo Miami, de espías, de lograr el intercambio cultural de un sólo lado, ahora toca que los “artistas” y “escritores” castristas atraigan, seduzcan a sus familiares exiliados, los imanten hacia Cuba para que inviertan, para que vuelvan, a vivir mejor que cualquier cubano de los que nunca se “rajó”, que vuelva en calidad de empresario, de pequeño empresario incluso, a gastar allá, a implantar un negocio, qué importa si lo joden, qué importa si luego le quitan el negocio, o le decomisen las ganancias, o lo manden a la cárcel, como acaban de hacer con el chileno Max Marambio, que bien merecido se lo tiene. El asunto es seducir a los exiliados a que vayan a gastar allá, a arriesgar allá sus riquezas.
El tema ya no es que el escritor o el artista fulanitdetal te va a llegar a tu casa de exiliado, desde Cuba, y que te irá a meter una perorata, y que volverá a la isla después de haber vivido de tí durante unos cuantos meses, no, qué va, mi santo, a partir de ahora, esa gente intentará que cierres tus negocios en donde has vivido quizá la mitad de tu existencia, donde has visto desarrollar a tu familia, donde has echado raíces, y que te vayas a gastar tus ahorros en montar otro negocio en el país más inestable económicamente que existe sobre la tierra, el tuyo, el de uno, el prohibido. Y lo peor es que lo más seguro es que para allá se irán unos cuantos sapingonautas, hasta que los hagan comer tierra de nuevo, y les den la patada por el culo que los siembre en una celda y… Colorín, colorado…
La otra argucia consiste en hacerse el polémico, vendernos al artista polémico, aunque siempre de acuerdo con Raúl Castro, como hace el cineasta al que El Nuevo Herald llama “polémico” porque critica la mesa retonta. ¿Polémico un tipo que le hecha la culpa a los periodistas de la Mesa “Retonta” y agrega que Raúl Castro tiene razón cuando critica los fallos del castrocomunismo? Yo no le encuentro ni un ápice de polémico a ese descaro. Una mierda, un mierdita oportunista más. Un cagado buscándose los bonos de gasolina, y los viajecitos al extranjero, y que les acepten sus películas ambiguas en Sundance, un festival de los ricos de izquierda, que pasan o quieren pasar por pobres, y que no aceptarán nunca la película de un verdadero exiliado. Una morronga cerebral de la gauche caviar, perdónenme la frase.
Hace rato que no veo cine cubano oficial, ni cortometraje cubano diz que crítico con el sistema, ni ninguna basureta de balcón de enfrente de compañerito tapiñado. Es más, no soporto el cine cubano ya más del 59 hasta la fecha, me pregunto cómo pude ver toda esa morralla, además en blanco y negro, y me cuesta enormemente leer lo que se escribe en Cuba, bueno es que ya no leo nada de esa literatura quejumbrosa de pichas polvorientas y apestosas a cebingo agrio, y desde hace meses no oigo música cubana reciente de la de allá. Reciente quiere decir desde el 59 para acá… La única concesión que podré hacer es oir algunos solos de guitarra de Heber, el de Porno…otro grupo en decadencia. Por lo demás, todo lo multiplico por cero. Hay demasiado buen cine, y buen teatro, y buena música, y buen ballet en el mundo para dedicarme a perder mi tiempo con tapiñados pingajos reciclados castristas. Mientras más caca castrista tapiñada habla Carlos Acosta peor baila para mí, desde que lo vi argumentando su mierda pura turística a favor del castrismo, y que leí sus entrevistas castristas en la prensa, es que ya no puedo verlo ni en puntas, porque es como si viera bailar a Chacumbele I, que más patón no puede ser.
Otra periodista de por allá de por Remanganagua de los Sepulcros, se llenó la boca con eso de que la muerte de Juan Wilfredo Soto García, como la de Orlando Zapata Tamayo, es otra “payasada” del exilio. Lo leí en Punt de Vista. (No voy a poner link, ni pierdan su tiempo, otro mojón más esa periodista de marras). Bien, la mujer es joven, pero no es agraciada. Tengo que darle la razón a una amiga muy querida y respetada, en los últimos tiempos la gente fea y mal vestida ha crecido como la pangola en Cuba. Miren que en Cuba había gente bonita, ahora sucede todo lo contrario, los bonitos crecen rozagantes en el exilio, pero lo que es en Cuba, la mayor parte de la gente es fea, bajita, piernacorta, y sonríen todo el tiempo con risitas idiotas. Son además pujones, cualquier parquímetro resultaría más gracioso. Esa cosa viva y simpática del cubano se perdió. Ahora todos son unos plomos, hablan y gesticulan trascendentales como si estuvieran en la tribuna de La Raspadura.
Calculando bien a la muchacha, lo que la hace fea es su estupidez, su risita de payasa con telarañas en las encías. Su mentira, lo que la afea es su mentira. La mentira castrista. La mentira necesaria para que la dejen tener un blog, y que le den un viajecito que la saque de Remanganagua de los Sepulcros y por lo menos pueda ir a darse una vueltecita por las diplotiendas de la capital. Cuando se ríe se le nota demasiado el cuchillo entre los dientes, la maldad, la mezquindad que no le permite ni siquiera aceptar que un hombre haya muerto libre. Por envidiar, envidia hasta la muerte de Juan Wilfredo Soto García, la envidia, sí, porque sabe que es un muerto digno, y que ella es una bicha viva, tonta, y mierdica.
Bien, a esto hemos llegado, prepárense para lo que viene, este es el final de la escena 52, se agotó la rebeldía de los roqueros, la roña de los raperos, los globeros contestararios y socialdemócratas, digo, los blogueros, esos que se suman a la inercia de responder con programitas televisivos seudo-opositores a programitas televisivos oficiales. El productor es el mismo: El castrismo. Que es una máquina de producir la gran superproducción, el único largometraje, protagonizado por los fidelitoscastroquetodosllevamosdentro, como nos lo inculcó Papá Fidel y Tío Raúl, sin más. Se acabó, que diría La Lupe. No hay más que miseria del espíritu y un burujón de feos.
Valientes quedan pocos, muy pocos. Por cierto, en semanas no he oido decir nada de Reina Luisa Tamayo Danger, y a nadie le importa. Y de las cárceles cada vez sabemos menos. ¿Debo creer en algo? No. No me da mi gana cubana. Ojo, de exiliada cubana. No creo ni quiero creer, ni me interesa creer como no sea en lo mío, en los míos. Au revoir!

Zoé Valdés.
Publicado con autorización de la autora.
Gracias Zoé.

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