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Fulgencio Batista. (10 de marzo) Por Esteban Fernández.

Fulgencio Batista. (10 de marzo 1953)

por Esteban Fernández
FULGENCIO BATISTA. (10 de Marzo)

Yo no soy batistiano ni antibatistiano (era un niño en esa época) pero como es un tema al cual siempre le he huido hoy voy a tocarlo. Tengo amigos de ambos lados de esta figura y no intento discutir, sólo opinar. Por ejemplo, mis amigos Pepe de Vivar y Edita de Armas  (batistianos hasta la médula) y Miguel Uría (tremendo antibatistiano) los considero MIS HERMANOS DE LUCHA.

Vamos a hacer un símil y  suponer que un grupo de exiliados CON EL PODER PARA REALIZAR LA EMPRESA me pida a mí, Esteban Fernández, que asuma el liderazgo del exilio y la responsabilidad de derrocar al castrismo genocida.

Por una parte me encanta la idea, por la otra no me considero apto para tan enorme proyecto. Desde luego, es muy posible que gane mi vanidad personal y me lance a la empresa sin estudiar mucho las consecuencias.

Soy el líder del destierro, tumbo a la tiranía castrista, y después estoy montado en un potro desbocado al cual no puedo domar y no tengo ni la menor idea de como bajarme de el.

Eso fue EXACTAMENTE lo que le pasó a Fulgencio Batista. Dicen algunos que UN AÑO ANTES de la fecha Batista no sabía que iba a dar el golpe del 10 de marzo del 52. Batista no tenía ni la madera, ni la intención, ni la falta total de escrúpulos necesarios para ser un verdadero dictador. Hasta le preocupaba “el que dirán”, especialmente el de los americanos. Sinceramente yo opino que Fulgencio Batista hubiera preferido mejor ser presidente del Club Náutico de Marianao que dictador de Cuba.

Pero un grupo de amigos, seguidores y admiradores, lo convenció de que ÉL ERA EL HOMBRE. Batista pensó: “Esto es un jamón, resuelvo en dos o tres años varios problemas nacionales, me lleno de millones de dólares, y me retiro como ya lo hice una vez”.

Ni por la cabeza le pasó que su acción lo podía conducir (sí hubiera estado dispuesto a llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias) a convertirse en un TIRANO, y Batista tenía las mismas condiciones de tirano que yo de cirujano plástico.

Se montó, sin quererlo y sin pensarlo mucho, en un caballo loco del cual no tenía ni la más ligera idea de como detenerlo ni como domesticarlo, y bajarse del corcel (al fin se tiró y salió corriendo) representaba una traición a quienes lo habían escogido.

La ingenuidad de Batista se justificaba con el hecho cierto de que la oposición que esperaba encontrar era tan o más ingenua que él. Es decir, que pensó con cierta lógica: “Doy el golpe y la bronca será con Millo Ochoa, con Grau, con Hevia, con Pelayo Cuervo, con Tony Varona, con Márquez Sterling y con Carlos Prío“.

Y créanme que si la cosa hubiera sido así, sí los enemigos y combatientes hubieran sido esos, las cosas le hubieran salido a Batista a pedir de boca, hubiera salido ileso y hubiera terminado sus días más o menos como Pinochet.

No contaba con la contingencia (ni nadie en Cuba) de que le iba a salir al paso un MONSTRUO. ¿Como iba a imaginarlo sí el monstruo en ese momento no era más que un vago, un picador profesional, y casado con la hermana de un íntimo amigo de él?

Después de lograr el éxito y tener logradas las dos primeras partes del “plan” original (golpe de estado y billete grueso) el engendro de Birán se la pone en china y lo obliga a carabina a una guerra para la cual no estaba preparado mentalmente, ni quería estarlo.

Encima de eso a su lado tenía a Marta Fernández (con Elisa Godínez la movida hubiera sido diferente) que si bien estuvo contenta al principio con el “gran sacrificio por Cuba de su marido”, no le agradaba ni un poquito la solución de “darle candela al jarro hasta que soltara el fondo” y lo instaba al retiro cómodo y lejano.

A mí me da la sensación de que Batista se robó un traje que le quedaba muy grande y se metió en camisa de once varas. Y todo el lío en que se metió después lo pudo haber resuelto fusilando a Castro cinco minutos más tarde de haberse entregado tras el ataque al Cuartel Moncada.

Pero la verdad histórica es que al principio no estaba seguro de querer cocinar el potaje, se quedó perplejo cuando le explotó la olla de presión, y puso pies en polvorosa cuando se quemó la cocina, mientras la casa todavía estaba intacta.

Primero debió permitir la victoria electoral de Carlos Márquez Sterling y si eso no funcionaba lo correcto hubiera sido que el 31 de diciembre de 1958 se montara en un avión pero rumbo a Oriente rodeado de Rolando Masferrer, José Castaño, José Eleuterio Pedraza, Abon Lee, Cornelio Rojas, Sánchez Mosquera y cuanto valiente encontrara a su disposición, ponerse el jacket de cuero, una pistola en la cintura, arengar a las tropas y al frente de la Guardia Rural oriental bajar a Fidel Castro de la Sierra Maestra a sombrerazos.

Al final de la jornada, unos consideran que fue magnífico otros que fue terrible, pero nadie puede discutirme que el genocida que vino después lo dejó chiquitico.

Amabilidad del autor.
¡Muchas Gracias Estebita!

Ver también:
Fulgencio Batista, contada por Tony Cortés. (video)

Verdades y esyudios pendientes. Por Zoé Valdés.

Fulgencio Batista fue tan malo como Fidel Castro. Por Tania Quintero.

Comentarios

2 Comments on "Fulgencio Batista. (10 de marzo) Por Esteban Fernández."

  1. Reinerio

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  2. Oye peor que los Castro no hay nadie.

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