Juanita Vera: La Amante de Fidel Castro

Juanita Vera: La Amante de Fidel Castro 

Juanita Vera: La Amante Oyente
Por Carlos Ferrera
Husmeo en las fotos de la visita real de Charles y Camilla a Macondo Town: Andan La Habana con Eusebio; esperable. 
Camilla, como asustada ante una radiación extraña, se cobija del destructivo sol del Caribe bajo una anacrónica sombrillita blanco talco con puntas de encaje, que parece un juguete victoriano. Casi huele a naftalina inglesa. Pero la paciente amante del heredero del trono británico, solo intenta que el astro rey habanero, no haga demasiados estragos en su apergaminada piel de cebolla inglesa.

No es el caso de la chica cubana que traduce al grupo, fuerte de color, y hecha desde chiquita a esto que para Camilla es el infierno tropical del cáncer de piel. 
Ahí está la abnegada intérprete, mostrando toda su afrocubanidad sin subterfugios, luciendo su negritud brillante bajo un sol de justicia; negras también las medias y el atuendo, blancas la blusa y las cuencas de los ojos; “This is the Morro Castle, Your Majesty…” ¡Qué grande eres Fidel, incluso muerto!
Escuché a la intérprete en el telediario; habla un perfecto inglés de la Lincoln que le ha enseñado la revolución. Ha podido llegar hasta aquí por dominar -muy bien- la lengua de Shakespeare; quizás también haya llegado a agente de la DI, con todo y su color intenso. Tiene el honor de traducir las palabras de una figura inglesa y blanca de la Historia, que jamás pensó llegar conocer en persona, en su negra niñez pioneril. Y eso es algo muy grande, negrita.
Pero algo me rechina. La joven traductora de la raza sufrida, no debía estar ahí, entre Charles y Eusebio. Y no por el color intenso de su piel, sino por rango. 
Ese es el puesto que ha ocupado siempre otra persona; la anfitriona de lujo del castrismo para las grandes ocasiones en que se habla inglés en aquella Isla. 
¿O es que esta no lo es?
No entiendo mucho por qué es que no está junto a Charles y esposa, Juanita Vera, traductora máxima de la revolución, y amante permanente del pulverizado comandante. 
Juanita Vera, amante de Fidel Castro con él y el defenestrado Roberto Robaina.
¿Le han bajado el precio a la mejor intérprete de la Dictadura, o se lo han bajado a Charles y a Camilla? ¿O quizás, simplemente se lo han subido a la chica afrocubana de la negra niñez? Pero Juanita Vera no está en la foto, y la echo de menos, por omisión. 
Juanita es la mujer-corcho de la traducción simultánea cubana. Flota en el mar borrascoso de los intérpretes al servicio de la élite castrista, desde hace más de tres décadas.
Juanita capea ese temporal, como la nave insignia de la flota; sus marineros son los mejores, los más rápidos y reservados, los mejor informados, discretos y confiables. Los mejor preparados para tamizar las palabras que escucha y pronuncia el poder. Y Juanita Vera es la institución de ese apartado.
Desde los 80s, no hay nada importante que se le haya dicho en inglés a Fidel, a Raúl y ahora, a Díaz-Canel, que no haya pasado por los oídos atentos de Juanita Vera. 
Juanita conoce el calibre y alcance de todos los misiles rusos y norteamericanos de última generación, pero no por eso olvida los nombres de las mascotas de Winnie Mandela. Tampoco olvidará seguramente cuántas y cuáles medicinas tomaba Fidel Castro. Juanita sabe los detalles de la caída del muro de Berlín, contados por Honecker a Fidel en tiempo real, por teléfono;. También conoce los pormenores de sus extrañas reuniones secretas en Cayo Piedra, en épocas del narcotráfico, y las notas escolares de todos los nietos del líder. Juanita sabe cosas, que nunca contará. 
¿O sí? 
FIDEL Y JUANITA VERA
Fidel Castro tuvo siempre cierta predilección por las mujeres inteligentes, preferiblemente cercanas a su ideología, con las que pudiera mantener un intercambio intelectual a su nivel. Varias de sus amantes cumplieron ese requisito, en mayor o menor grado: las cubanas Celia Sánchez y Natalia Revuelta, y las periodistas norteamericanas Lisa Howard y Barbara Walters, entre ellas. 
Pero de todas, solo una estuvo más tiempo físico a su lado, y estableció una relación profesional e íntima más duradera en el tiempo; su traductora e intérprete oficial, Juanita Vera.
Juana Florinda Vera García, nació en La Habana el 24 de noviembre de 1953, en el seno de una familia humilde, pero se declara “hija de la Revolución” y está convencida que le debe todo a ella y a Castro. No le falta razón.
Es menor que los dos hijos mayores “oficiales” de Fidel, y se graduó como traductora e intérprete en Lengua Inglesa en la Escuela de Filología de la Universidad de La Habana en 1980. Durante un tiempo trabajó como traductora en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), y desde hace años es “funcionaria especialista” del Departamento de Estados Unidos del MINREX. 
Sin embargo, existe otra Juanita, menos locuaz y más calculadora, que es coronel de Inteligencia de la DI, y que fue la lengua y los oídos de Fidel durante los últimos 30 años de su vida. 
Juanita ha sido la sombra del dictador en todos sus viajes internacionales a países de habla inglesa, y en todos sus contactos oficiales con autoridades de naciones anglófonas en la Isla. 
Fue así, desde que le hizo la primera traducción simultánea en los 80s, hasta la última en 2006, cuando Fidel entregó el poder a su hermano menor, ya tocado por el Alzheimer. 
Después del retiro de su benefactor, Juanita siguió desempeñando la misma función al servicio de su hermano Raúl Castro, y lo hace ahora acompañando al actual presidente Miguel Díaz-Canel. Ha sabido cómo mantenerse durante años en uno de los sitios más sensibles del back stage de la revolución. De hecho, ha sobrevivido a otras traductoras “multitask” del comandante. Juanita sabe nadar y guardar la ropa.
Juanita está casada con el doctor en Ciencias Físicas Matemáticas Gerardo Rodríguez Fuentes, investigador titular de la Universidad de La Habana, y hasta la publicación de esta crónica, segundo secretario del Partido en ese claustro. 
Gerardo se presenta como “padre” de los dos hijos de Juanita, Abel, de 25 años e ingeniero de Sistemas Automatizados de Dirección, y Nerea Amalia, de 18, graduada instructora de Arte en la ENIA. 
Pero todo el mundo sabe que Abel no es hijo de Gerardo, sino de Fidel Castro Ruz.
El ex escolta de Fidel, Juan Reinaldo Sánchez, autor del libro “La vida oculta de Fidel Castro”, exiliado en Miami desde 2008 y fallecido allí en 2015, fue durante 17 años el responsable de llevar la famosa «libreta gris» del Comandante, un cuaderno (decenas de ellos, en la práctica) que hay orden de destruir en caso de que caiga el régimen.
Juan Reinaldo Sánchez y Fidel Castro


En ellos, Juan Reinaldo apuntaba los detalles de todo lo relacionado con la agenda “no oficial” del Comandante, según él, “desde la hora en que Castro se levantaba, qué desayunaba, el itinerario seguido, con quién se reunía y los asuntos tratados, hasta las cosas más nimias, como la añada de la botella de vino que acababa de descorchar o la pesca conseguida en su paradisíaca isla de Cayo Piedra”. Y en la «libreta gris» quedaron reflejados con puño y letra de Juan Reinaldo Sánchez las aventuras sexuales de Agapito.
El escolta anotaba los encuentros extraconyugales de Castro en la «casa de Carbonell», en la zona residencial de Siboney, el escenario de sus encuentros extramaritales, que coordinaba su edecán y también confidente, José “Pepín” Naranjo. 
Cuenta Juan Reinaldo que «apuntaba la hora de llegada y de salida, y entre paréntesis, solo dos palabras: “Operación Cartucho”. Aunque Fidel no era el típico mujeriego cubano, que cambia constantemente de amante, podía tener dos o tres a la vez que le duraban años». 
Relata el ex escolta que, a finales de los años 70, coincidieron en el tiempo –y protagonizaron varios altercados de celos entre ellas– «la tajante y autoritaria» Dalia, Celia Sánchez, una azafata llamada Gladys Duarte, que “acompañaba” a Fidel en sus viajes internacionales, y Pilar, conocida como “Pili”, la intérprete de francés preferida del Comandante.
Pero Castro quiso tanto a Celia que no se casó con Dalia hasta que ella murió en 1980. Entonces cambió a Gladys por su traductora Juanita Vera, que enseguida se convirtió en su amante, y le exigió que sacara a “Pili” también de la escena, cosa que Fidel hizo inmediatamente. 
Con Juanita, Juan Reinaldo estableció una relación muy cercana de amistad, y ella un día le confesó que Fidel era el padre de su hijo Abel. 
Fidel convivía con Dalia Soto del Valle desde 1961, algo que según muchos de sus biógrafos, deterioró paulatinamente el estado anímico y físico de Celia Sánchez. La amante eterna de La Sierra terminó muriendo de cáncer de pulmón en 1980. Pero durante ese período, el dictador no tuvo reparos en continuar manteniendo relaciones con otras mujeres. Y el nombre de Juanita Vera era el que más se repetía en la libreta gris.
La obsesión de Fidel por Juanita llegó a ser tan fuerte, que en 1984, le montó una terrible escena de celos al saber que ella tenía otro amante, además de su marido. La cosa acabó, según Juan Reinaldo- “con el amante en paradero desconocido y la reconciliación de ambos”. En ese momento su hijo Abel tenía 4 años y había sido “reconocido” por el marido de Juanita como propio, “a instancias de Castro”. 
Contaba también el guardaespaldas arrepentido que, durante la única visita de Fidel a Corea del Norte, le tocó a él montar guardia en la puerta de su habitación, y le avisaron que Juanita lo visitaría esa noche. “Al cabo de un rato (ella) llamó a la puerta de la suite, donde pasó dos o tres horas antes de volver a sus aposentos”. Luego, en 1992 en España, Fidel ordenó que las habitaciones de ambos fueran aledañas y se comunicaran entre sí por el interior.
Hoy Juanita tiene 66 años y su hijo Abel, 29. Tras casi 40 años en la DGI, Juana Vera ha enviado a varias generaciones de disidentes del régimen a la cárcel, y ha sido premiada por sus servicios con un regio apartamento en Calle E # 406 en el Vedado, justo al lado del de Eusebio Leal Spengler, que vive en E # 408. 
Juanita es trigueña, castaña o pelirroja, pero siempre camaleónica e invisible, como requiere su profesión. Estuvo entre Raúl y Obama, y entre Fidel e infinidad de personalidades mundiales, sin apenas ser vista. Juanita ha aprendido a desaparecer sin marcharse. 
Juanita Vera, traductora y amante de Fidel Castro en el encuentro de Raúl con Obama, durante entierro de Mandela.
Para Juanita Vera, la rapidez de reflejos es una virtud, y la discreción, un grado y un seguro de vida. Ser el traductor del Rey implica muchas más cosas que trasladarle en español unas palabras en inglés. Es un oficio que solo se aprende con los años, por eso son tan valiosos los suyos de experiencia en la plaza.
Juanita siempre está, pero no se le ve; solo a veces se escucha su voz, porque prefiere hablar al oído de sus amos, como buena intérprete.
Lupe Véliz, otra de las amantes del viejo dictador, también oficial de la DI, y también madre supuesta de otra de sus hijas “secretas”, terminó regentando una paladar junto a la Oficina de Intereses de los Estados Unidos, donde se dedicó durante años a espiar al personal de la misión norteamericana en La Habana. Hay leyendas urbanas que cuentan que Juanita Vera era quien revisaba los videos grabados en la Paladar de Lupe Véliz. ¿Dónde está Netflix cuando se le necesita?
Lupe hace tiempo ha muerto, pero Juanita sigue activa, ganándose la vida con el idioma del enemigo. 
Me extrañó no verla como intérprete de los gerontopríncipes británicos, porque es el tipo de servicio que se le encomendaba hasta hoy. ¿No era Juanita la mejor y la más completa  de las intérpretes de lengua inglesa para estos menesteres? ¿Seguirá en el bombo, o habrá sucumbido repentinamente bajo la aplanadora de la revolución, como les sucedió a Pilar y Gladys Duarte?
Por supuesto, los ingleses no vinieron de otra dimensión; lo saben todo, que para eso ya tenían a Scotland Yard, los mejores espías del mundo cuando el G2 era de palo. Saben que Juanita es también una inmensa oreja al servicio del castrocomunismo, y que sigue siendo un activo importante de la revolución. Quizás, porque sabe cosas. 
O quizás porque tiene un hijo que lleva la sangre del viejo Rey.

Publicado en el Cuartel de Sejano

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