La aristocracia castrista que vive a costa de la pobreza

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ABC/Manuel Trillo. La cúpula dirigente lleva un tren de vida que está a años luz del que se puede permitir el ciudadano de a pie en la isla

«Yo soy Fidel, yo soy Fidel!», aclamaban este sábado miles de cubanos en Santiago de Cuba a la llegada de las cenizas de quien estos días la propaganda oficial y sus partidarios ensalzan como el defensor de los pobres y de la justicia social. Sin embargo, las condiciones de vida de la amplísima mayoría del pueblo cubano no tienen nada que ver con los lujos que los Castro y el reducido grupo en la cúspide del poder vienen gozando desde hace décadas. Mansiones, yates, buenos restaurantes y clubs privados rodean el día a día de esta clase alta surgida gracias a la revolución.

Fidel Castro en su casa con Lula Da Silva

Tras la imagen de humilde anciano que ofrecía Fidel Castro en sus últimos años de vida, en chaqueta de chándal y retirado en una modesta finca, se ocultaba la privilegiada vida de la que se ha beneficiado su familia, pero se extiende también a otros de los máximos dirigentes del régimen.

En Cuba hay «un doble discurso», afirma el periodista independiente Lázaro Yuri Valle Roca, de 55 años, nieto de uno de los dirigentes históricos del Partido Comunista de Cuba, Blas Roca, aunque él cuestiona que a este régimen se le pueda llamar «comunista». Simplemente, «esto es totalitarismo y dictadura», afirma. La cúpula dirigente «siempre ha vivido muy bien, nunca les ha faltado de nada», sostiene Valle, quien vivió de cerca el ritmo de vida que han llevado los Castro y su entorno. Ellos tenían whisky de marca, caramelos y otras exquisiteces mientras «el pueblo ha pasado hambre», destaca.

Los Castro han vivido en una acomodada zona residencial junto al mar al oeste de La Habana, donde han disfrutado de lujos muy alejados de las penosas condiciones de vida en que vive la gran mayoría de los cubanos de a pie. En el caso de Fidel, se trataba de Punto Cero, una residencia con un vasto terreno alrededor en el que disponía de árboles frutales, ganado para proporcionarle su propia leche, caballos, algunos búfalos y hasta una fábrica de quesos. «Sé de lo que hablo, porque trabajé allí», afirma Juan Goberna, vicepresidente de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

Familia de Raúl Castro en el funeral de Vilma Espín.

Raúl Castro también se fue a vivir a las afueras. «La nueva clase dirigente decía que vivía con el pueblo, y Raúl vivió muchos años en la céntrica calle 26, pero con los años empezaron a aislarse», explica Goberna.
Otros integrantes de la familia Castro viven en la elegante zona occidental de La Habana, así como otros miembros de lo que se ha consolidado como una auténtica aristocracia formada por los integrantes de la cúspide del poder en la isla.

En casas de la burguesía

Tras el triunfo de la revolución en 1959, la nueva clase dirigente se apoderó de los caserones de la antigua burguesía cubana, donde siguieron viviendo durante décadas y ahora, con muchos de ellos fallecidos, sus descendientes.

El Laguito, casa de Fidel Castro si de se la alojan los dirigentes de las FARC de Colombia en La Habana

Esta especie de nobleza dictatorial goza de un tren de vida a años luz del que sufren la mayoría de los cubanos, que habitan en viviendas destartaladas con apenas mantenimiento y constantes fugas de agua, y que para poder sobrevivir acuden a las bodegas con su cartilla de racionamiento a recoger los «mandados», como se conoce a la lista de productos básicos como pan y arroz que el Estado asigna al mes a cada ciudadano.

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