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La isla robada

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La Habana/Augusto Obrigado. Los ladrones ya no necesitan de un conjuro para que se les abra las puertas de cualquier tesoro mal habido, sino que el abracadabra del corrupto está en el ambiente del momento, en la temporalidad de estos magos que nos acaballan y nos llevan hasta el último resquicio de materialidad y nos dejan con un espíritu desabrido y torpe. En Cuba los salarios del trabajador honrado dan risa y llanto, quienes ríen son los ladrones-dirigentes, quienes lloran son los proletarios y los intelectuales, los grandes embaucados de esta aventura revolucionaria que como la serie Juego de Tronos es una alegoría a la maldad intrínseca del poder y de las vías para conseguir lo que se desea.
En Cuba se roba desde siempre, robar es un trabajo bien remunerado y reconocido socialmente, como lo es el de jinetera y últimamente el de pinguero. Ya el país sabe que no puede sostener el sistema y lo levanta como puede, como no debe, o sea a través de la malversación de vidas y de almas. En ese inmenso CDR no existe suficiente entereza para hacer lo que está bien y vivir con decoro. Un CDR donde el presidente de comité es el primero en robar, donde el de vigilancia se dedica a perseguir disidentes mientras deja que acaballen la economía de su barrio o municipio los especuladores, donde el ideológico no tiene ideología más allá del deseo diario por poseer algunos CUC para pagarse el picadillo de pavo de la tienda en divisas.
El país no puede pensarse ni asumirse con limpieza mientras ocurran estos fenómenos, porque es el sistema quien lleva a la gente a delinquir, un stablihsment ineficiente y mentiroso que ya ha demostrado con creces su incapacidad para dirigir ni siquiera un sector de la economía (el azúcar por ejemplo ha desaparecido). Cuba ya no es Cuba, es un pedazo de tierra del que todos huían de muchas maneras, y que ahora tiene cerradas las vías hacia los Estados Unidos, nación esta última que quizás se cansó de recibir los problemas ajenos como propios. Nuestra cuestión nacional se aplaza como los innings de un juego de pelota infinito, no tiene forma ni sentido, no vemos en ella utilidad aunque nos vaya la vida en resolverla. El gobierno es un vampiro, la nación, la fuente de vida que terminará por agotarse. Ni siquiera en la colonia el horizonte estuvo tan oscuro, ni fue dirigido con mayor tozudez por los idiotas empoderados.

Pero, ¿qué les importa a esos de allá arriba lo que sucede acá abajo con los bienes del pueblo?, sólo de vez en cuando escuchamos del “explote” de algún jefecito para dar el ejemplo, chivo expiatorio que no tiene otra alternativa que bajar la cabeza ante el picadero, dejarse sacrificar en nombre de los sacrosantos jefes. Lo que sucede en nuestro país no es cosa de juego, aunque parezca una comedia mal contada: la esencia del mantenimiento del régimen es el robo y la complicidad ante dicho fenómeno, pues todos estamos presos de esa diatriba en un pedazo de tierra cada vez más deforme en los informes ante las Naciones Unidas, donde los derechos humanos de los isleños se manipulan con la desfachatez de un entuerto. Cuba ya no es Cuba, sino una cuba de agua donde se hunden los que están dentro, donde se pierde la identidad de los que están fuera, mientras el gobierno de los malos busca su perpetuidad a ultranza y sin importarle cuánta sangre deba verterse ante los altares de la mentira.

Hacia los Estados Unidos fueron muchos de esos corruptos que se pagaban las salidas con el dinero del pueblo cubano, luego allá actuaban como informantes de la policía secreta de acá. El mecanismo no fallaba en tanto era mafioso, el decoro era ausente en tanto nunca interesó demasiado dicho sentir. Ahora que están cerradas las vías, queda el resto del orbe para emigrar y los que saquean las arcas del pueblo isleño lo saben, ahí estarán para acaballarnos y dejarnos sin nada ni nadie, en esta soledad rodeada de aguas. La generación histórica, cada vez más histérica, se muere y deja detrás estos mecanismos deformes, la juventud no tendrá ni a quién echarle la culpa ni dónde ni cómo vivir, la depredación del todo que hemos mal vivido nos destruyó la mente. Ya no sabemos si es posible hacer política en esta isla y que esas determinaciones arreglen el panorama nacional. Autogobernarnos podría ser un problema, no gobernarnos podría ser el destino manifiesto.
Sí, la seudo nación actual tiene su promesa, su mantra, el de la fruta madura, o como dicen algunos viejos en la calle, la fruta podrida. Ojalá no sea así porque además, nuestros problemas son tan mayúsculos que nadie querrá hacerse cargo de ellos, sólo trabajar unidos y en democracia nos traería una solución, pero los caimanes y los camajanes y los comejenes no soltarán la hucha del dinero tan fácilmente. Una isla es una isla después de todo, se puede usufructuar como una finca y manejar como satrapía, de ahí el robo como decreto y modus operandi.
Cuba es una colonia penitenciaria, parecida a la de Kafka, sólo que real, más vívida, más irreversible. Nadie puede escaparse de la terrible circunstancia del miedo y el robo por todas partes, tener miedo es en esencia que te hayan robado, pues dejas de poseer la valentía para reclamar lo que es tuyo. Cuba ha dejado de ser, vienen los viejos prejuicios de la anexión y la incapacidad del autogobierno, el pueblo no tiene la culpa, porque el pueblo siempre quiso ser soberano. Allí están en la claridad de la historia, quienes no dejaron nunca florecer esa soberanía.

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