Las cosas que disparan la memoria. Por Liu Santiesteban

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Son curiosas las cosas que disparan la memoria. Un olor, una imagen…

imageAl ver esta fotografía en instagram tuve que volver a atrás a mirarla otra vez.
De repente tenía 12 años otra vez y pesaba 90 libras. Era de madrugada, tal vez la cinco o las seis de la mañana, en el Campamento “La Julia” en Batabanó.



Tengo deseos de llorar. No veo a nadie a pesar de estar rodeada de unos 200 quizás 300 niños de mi escuela.
La neblina no me deja ver ni mis propias manos.
Siento miedo, angustia, tengo hambre y hace frío.
Como vacas al matadero nos hacen subir en unas carretas enganchadas a un tractor. En cuanto me subo me doy cuenta que estoy en el medio sin nada de lo que agarrarme. Me abro paso entre la gente hasta uno de los bordes y allí me aferro al horizonte.
Es lindo el campo aun con niebla, con hambre, con frío, con miedo, con angustia, con llanto.
Llegamos a los surcos donde debemos trabajar. Son eternos. No veo el final. La Guataca para desyerbar pesa mas que yo. Me hacen daño en mis manos de seda. ¡Tengo que hacer 10 surcos! Ni en la mitad del primero ya estoy toda enfangada por la mezcla del Rocío con la tierra colorada.
Lloro. Los lagrimones me corren por las mejillas de niña abusada. Sin saberlo.

Levanto la guataca y se la tiro en la cabeza a Fidel.
Después de todo estoy en mi cama, 25 años después.

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