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Los herederos al poder de Raúl Castro

Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro
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Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro

Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro

Adrián Sosa, Antonio G. Rodiles
Los sistemas dictatoriales terminan por asumir el ejercicio público como una empresa privada. Desde finales del siglo XIX la legitimidad de los gobiernos ha estado asentada en el ejercicio de la voluntad ciudadana por medio de las elecciones libres y la separación de poderes. Las dictaduras intentan desconocer esto.
A medida que logran el control de la sociedad mediante el carácter ilegitimo del ejercicio del poder, resultan más vulnerables. Nadie parece confiable para la elite, los vínculos familiares resultan la mejor garantía.
Los apellidos de familia, son la puerta para acceder a las posiciones de poder. Los ejemplos sobran, la Libia de Kadafi, el Iraq de Sadam, la Siria actual y el aberrante museo de Corea del Norte.
Los dictadores, no conformes con convertir la ley en un capricho, terminan por atribuirse títulos que se encuentran fuera del alcance del derecho. Nadie sabe que ley, decreto o dictamen, regula esos nombramientos. Hitler se nombró Fuhrer, Mussolini, el Duce; Franco el Caudillo; Trujillo, el Benefactor, Fidel Castro, líder histórico y el fallecido Chávez denominado Comandante Supremo.
Aún el cargo de Secretario General del Partido posee ciertas regulaciones, aunque no sean cumplidas. Estos títulos son personalistas y carecen de toda fiscalización. La entrada al Olimpo totalitario requiere de estas arbitrarias titulaciones. De todas maneras, la historia termina por ajustarles cuentas. Esos sobrenombres se utilizan entre comillas, o con cierto sentido irónico, para referirse a tales personajes.




Cuba, después de 57 años regida por un mismo apellido, no resulta ajena al fenómeno político señalado. Es importante analizarlo dentro de nuestra realidad porque no es un hecho del pasado, y debe incidir en el futuro inmediato de no alcanzar la sociedad cubana los necesarios cambios que permitan conformar una sociedad democrática.
Fidel Castro, el fundador de la dinastía en su larga estancia en el poder, acaparó todos los primeros puestos del país. En cuanto al ojo público, la familia permanecía en la sombra. El hermano menor Raúl, fue destinado a la cartera de Defensa, posición clave en la estructura del sistema. Desde los comienzos fue promocionado como el segundo, una especie de carta en la sombra.
Esto resultó así, hasta el momento en que la incapacidad física obliga a Fidel Castro a la entrega del poder. Raúl pasa a primer plano, y el régimen comienza a promocionarse como la obra de Fidel y Raúl. Solo que el segundo llega al poder, tarde biológicamente. Se hace acompañar de altos oficiales, que le secundaron en la configuración del Segundo Frente durante marzo de 1958.
La falta de carisma y la carencia de logros incluso militares, permiten afirmar que el hermano menor continúa desempeñándose como segundón respecto al rol del primero.
En el presente, como nunca, el futuro del país resulta una encrucijada. Con una oposición mucho más visible, unido esto con mayores reclamos por parte de la población ante la ineficacia del régimen, el futuro muestra dos direcciones con múltiples variantes. Una directriz, implicaría cambios sustanciales, que necesariamente llevan a la democracia. La otra, propiciaría la sobrevida del sistema con aparentes transformaciones.
Ahora su generación está extinguiéndose. Necesita dar paso a otros que sean capaces de mantener en pie el entramado. Es ahí donde la familia resulta la garantía. Por ello el mandato raulista se ha caracterizado por conceder visibilidad a la familia. Poco a poco los vástagos del clan han pasado a desempeñar roles públicos en parcelas de poder.
El último en alcanzar visibilidad ha sido el coronel del MININT, Alejandro Castro Espín, hijo del actual gobernante. Con una tenue participación en la guerra de Angola, pasa durante el mandato del padre a asistente personal y Jefe de la Comisión de Seguridad de la Asamblea del Poder Popular.
Fue presentado en sociedad durante la Cumbre de las Américas. Desde entonces acompaña al padre en diferentes viajes al exterior, construyéndole así una imagen pública. En el ordenamiento del tránsito dinástico, entre el totalitarismo y el autoritarismo, los últimos pueden llegar a ser los primeros.
Alejandro es el delfín del raulismo. Para la entrega formal resulta necesario ir desplazando a toda una serie de figuras de larga trayectoria, a los cuales les debe resultar difícil aceptar órdenes de un advenedizo. Hemos visto la jubilación de muchos jerarcas, sobre todo militares, acción que no solo obedece a la necesaria renovación, sino también a estructurar un equipo más dócil al heredero. Solo que este, probablemente, no ejercerá el poder desde la vida civil.
Nadie puede saber, exactamente, cuál es la verdadera estrategia que se aplicará para mantener en pie el sistema. Por tanto, no resulta descartable el hecho de que una figura incolora a lo Díaz Canel, asuma el mando formal después de Raúl. El verdadero poder quedaría en la sombra, terminando de construirse un historial que permita al heredero posesionarse de la primera posición, con las armas bajo su mando.
El control de sectores vitales del país por parte de la familia no resulta nada oculto ni misterioso. La hija del gobernante Mariela Castro, ha terminado designada primera sexóloga del país. Es una especie de ¨Primera Dama¨, encargada del trabajo social a favor del sistema. Es miembro de la Asamblea del Poder Popular. Todo su accionar, se ha dirigido a encubrir y blanquear la responsabilidad del régimen, por los tantos años de homofobia y represión en contra de las personas que no fueran encuadradas en la moral socialista.

Mariela Castro, hija de Raúl Castro

Mariela Castro, hija de Raúl Castro

El desempeño de Mariela no solo pretende presentar una cara liberal del sistema, el sexo significa un sector económico importante en el cual la principal beneficiada es la hija del general. La industria turística asociada al sexo parece despuntar en la realidad de la isla, controlada por el gobierno. En un pasado viaje a Holanda la sexóloga valoró de manera muy positiva la prostitución, lo cual contrasta con el discurso oficial durante estos años que ha justificado el triunfo del régimen por la necesidad de erradicar el negocio del sexo, una lacra del pasado.
El primogénito del hermano mayor, Fidel Castro Díaz-Balart, luego de ser destituido de su cargo al frente del Programa Nuclear cubano, paso un tiempo en bajo perfil público. Resurgió recientemente, como una figura con autoridad dentro del sistema asociado al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, en específico en los sectores de la energía nuclear y la nanotecnología. El interés de Castro Díaz Balart por la ciencia apunta al valor económico que puede representar la misma.

Antonio Castro Soto del Valle, hijo de Fidel Castro

Antonio Castro Soto del Valle, hijo de Fidel Castro

El otro hijo del viejo Castro, Antonio Castro Soto del Valle, paso de ser un médico desconocido a dirigir la medicina deportiva. En la actualidad se desempeña como una autoridad en el beisbol. Los intereses del médico rebasan el marco del deporte nacional. El golf y la pesca también caen en la esfera de sus negocios. Tal vez en un futuro se convierta en el zar del deporte cubano, con lo que significa el mismo en términos de ganancias.
Para completar este retrato no podemos desconocer el gran poder de José Alberto Rodríguez López-Callejas, quien controla el grupo empresarial militar GAESA. El protagonismo de este hombre nace del matrimonio con la hija de Raúl Castro, Deborah. Se comenta que para lograr buenos resultados en los negocios en Cuba es necesario estar en buenas con el señor. Los yernos también tienen su correspondiente cuota de poder en el reinado.
El panorama nos muestra a una familia que se asume predispuesta genéticamente al poder. En este nuevo capítulo de la saga de los Castros resulta necesario el reconocimiento del renuevo familiar. Una oposición dócil que acepte como válida la maniobra, entra en el diseño del sistema. Quienes pongan en claro la engañifa seguirán satanizados y la represión será la manera de intentar acallarlos. En el marco de las relaciones exteriores el régimen necesita de gobiernos dispuestos a aceptar esta realidad, enmascarada en un supuesto ambiente de cambios y apertura.
A partir de este próximo Congreso del Partido Comunista, a celebrarse el 16 de abril próximo, las piezas de este tablero serán movidas con más visibilidad. Lo que ocurra en los próximos meses dirá como se perfila esta confrontación entre el pueblo cubano y el clan de los castros y compañía.

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