ULTIMA HORA

Los malos periódicos. 

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Holguin/ Augusto Obrigado. A menudo, la prensa pagada por el oficialismo cubano acusa de mercenarios a quienes levantan su voz contra un gobierno que lleva sesenta años decretando hasta lo más nimio en la vida de los isleños. No conviene hacer mucho caso a esos periodistas de la nada que aplauden como focas la designación del último barbarismo, o a aquellos que sin preguntárselo dos veces sellan su pacto de sangre con el diablo. En Cuba hay una dictadura y eso es un hecho grabado en la roca, aunque los sátrapas se nieguen a decirlo públicamente. En Cuba hay un diseño cerrado del poder, que envilece y victimiza a todos los que no pertenecen a la clase favorecida, a los dirigentes.
Hace unos días, en un breve paneo de cámara del Noticiero Estelar Nacional, vimos a la plana mayor de la agricultura soltando frases de altisonancia estúpida. Mi llamado de atención fue acerca del grosor de los implicados, de su peso excesivo y la brutalidad con que conducían sus malhadados humores. Y en esas manos está la alimentación del pueblo, concepto que no se compone por personas de la elite sino por amas de casa, madres solteras, jubilados, jóvenes sin salarios dignos o desempleados. Una alimentación cada vez más encarecida por el diablo de las mil y una especulaciones que sirven para levantar castillos en medio de esta nada que nos tocó.
Los malos periódicos son así, no dejan resquicio a la más mínima verdad. A menudo uno se queda lelo, cuando ve en diarios como el Nuevo Herald de Miami críticas a autoridades locales o a la vida en la ciudad. Sin embargo, toda noticia de corte positivo que vaya a dar la prensa cubana no sólo debe pasar por la censura, sino que será dadivosa en grado superlativo hacia los aláteres del régimen, siempre estará mediando la genialidad de figuras históricas, siempre el heroísmo y el culto. Los malos periódicos generan malas personas y sirven a los intereses de otras malas personas, en ese círculo vicioso poco importa poner en primer plano a un supergordo ladrón de los ministerios. Tanta es la falta de credibilidad, que incluso los sitios y agrupaciones de la izquierda en el hemisferio obvian a los malos periódicos cubanos como fuentes confiables. Para saber de la isla usted deberá venir como a un safari, si es preciso con escafandra, como quien se prepara para una guerra. Tendrá que montarse en los mismos peligrosos camiones, comer las pizzas que el pueblo degusta, pagar en una moneda que no es moneda sino un bono o sea una dádiva miserable.
Transcurre la vida en Cuba y uno no se entera de nada, pareciera que en sesenta años la única noticia es el heroísmo de los mismos dirigentes que hacen las mismas cosas. Esa cultura del capataz que va de provincia en provincia, dando cuero, es lo más alejado de la democracia que se puede concebir y aún así ellos se quieren vender al mundo como demócratas, palabra esta última que deben odiar y temer como el diablo a la cruz. Por ejemplo, recientemente perdió, en pleno ejercicio del voto, la propuesta del sí en el proceso de paz en Colombia. Los malos periódicos cubanos se apresuraron a tapar el sol, alegando mil y un vericuetos de la mentira. O sea que en esa lógica la democracia, el plebiscito, las reglas, nada valían. Sin embargo cuando ganaba Hugo Chávez las elecciones en Venezuela o el actual presidente Nicolás Maduro, sí había que respetar la voluntad popular. Ello cuando sabemos de los fraudes, la vigilancia y la presión que en este último mentado país se han vuelto el pan de cada día. En la cultura inculta del capataz caben estas contradicciones, de ahí viene el viejo dicho de “palos porque boga, palos porque no boga”.

Por otro lado, los malos periódicos cubanos no se muestran alarmados por la reciente elección de Donald Trump en los Estados Unidos, un hombre de pensamiento errático y populista, que amenaza a cuanta minoría existe. Quizá porque el susodicho se parece bastante a otro megalomaníaco que descansa sus huesos de momia en alguna cámara hiperbárica del barrio más exclusivo de la Habana. Quizá porque Trump es el presidente que ellos necesitan para justificar las mil y una barrabasadas cometidas hacia el interior de la isla, porque el diabólico David requiere de un Goliat simbólico al cual culpar de todas las boberías de la política que debe sufrir el pueblo cubano. Trump es la “trumpada” al proceso de normalización que amenazaba con quitarle al régimen sus habituales escaños de hipocresía. Los malos periódicos dieron muestras tímidas de reseñas, incluso se notó hasta cierto tono conciliador, y no la alarma que en todo el globo era habitual. Estos socialistas sin socialismo, burgueses en verdad, esperan que Trump les levante el embargo sin que medien los derechos del hombre, ya que el recién electo pertenece a la misma camada que desprecia a la democracia. Los dirigentes cubanos quieren que caigan los dólares y el turismo estadounidense, sin que la potencia pida cambios democráticos en el archipiélago oprimido.
Pero se sabrá siempre la verdad, la certeza martiana que es como una fe. A pesar de los malos periódicos y la mala facha, Cuba aún puede levantar su cabeza y ser una nación soberana y digna. La República antecedió y sucederá a los actuales capataces del mal. Los malos periódicos serán si acaso un archivo, una traza del miedo, una lástima albergada en alguna biblioteca abierta al mundo. Los malos periódicos jamás serán sino el pasto que ya son, mal pasto de una mala temporada.

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