Peligrosos y pacifistas. Por Esteban Fernández Jr.

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por Esteban Fernández Jr.
PELIGROSOS Y PACIFISTAS

Nunca he estado de acuerdo EN NADA con la tiranía marxista-stalinista que despedazó nuestro país.     Pero siempre me ha dado  la sensación  de que la inteligencia castrista, al igual que yo, sabemos  quienes son los enemigos que verdaderamente representan un  peligro para  la estabilidad del régimen  y quienes no.

Ellos están muy conscientes y saben perfectamente bien  quienes en el exilio- aunque tengan 80 años- pueden tirarles un par de cañonazos  a los dictadores.  También tienen bien   catalogados a los cubanos que (fuera de la Isla) les son inofensivos, mansas palomas, tontos útiles y cooperadores.  En realidad,   no hay que ser un genio para conocerlos,  ya que  constantemente aparecen en listas  asumiendo posturas  pacifistas y dialogueras…

Entre los desterrados,  ellos saben quienes son los individuos que les tienen un odio  africano y  que son capaces de, en determinado momento, darles un tremendo trastazo.  Y a su vez, conocen muy bien a los que están dispuestos hasta abrazarse con los tiranos y con sus generales.

Dentro de Cuba pasa igual: ellos también tienen clasificados a sus adversarios.  Y desde luego, los vigilan a todos, y a los que consideran verdaderos enemigos,  los tiran en ergástulas y lanzan las llaves al mar.

Pero como dentro de  Cuba  todo es un eterno misterio y  nada está bien  definido, yo estoy muy confuso,  porque para mí, todo aquello es un “arroz con mango”, un enigma, y opto POR NO CONFIAR EN CASI NADIE. Mientras tanto, el régimen conoce a ciencia cierta  quien es quien, quienes son los infiltrados, los comprometidos y los manipulados; y por lo tanto, viven  convencidos de que allá ellos tienen la cosa bajo control. Donde yo soy un experto es en el exilio histórico,  que es lo que  verdaderamente les preocupa a los cuerpos represivos cubanos.

Allá ellos se creen que Raúl Castro pudiera montarse en una motocicleta y recorrer Cuba de San Antonio a Maisí sin que le pasara  nada.  No se lo recomiendan porque sufriría el asedio de los que lo quieren saludar, pedirle favores y derechos humanos. Pero sin embargo, no puede venir al Versailles a tomarse un café,  precisamente porque saben -igual que yo- que aquí existe un elemento arriesgado que está listo para vaciarle el peine completo de una 45 en la cabeza.  Luis Crespo le incrustaría el garfio en el medio de la frente y Tito Rodríguez Oltmans le daría 300 ladrillazos hasta hacer añicos el poco cerebro que tiene Raúl.

Los hombres y mujeres que la dictadura considera adversarios guapos,  son exactamente los mismos que yo clasifico de esa manera.  Por ejemplo, cuando los esbirros castristas dieron la orden de asesinar a Aldo Vera en Puerto Rico  por considerarlo peligroso, desde hacía  rato yo sabía y estaba de acuerdo,  en que Aldo Vera era un hombre extremadamente valiente.  

Ellos consideran que Luis Posada Carriles es un león digno de temer;  yo estoy de acuerdo. Ellos saben que algunos supuestos contestatarios, como Carlos Saladrigas por ejemplo, les representan el mismo peligro que a mí me produciría que unas “girl-scouts” tocaran a mi puerta para venderme galleticas.

Puede ser que -allá y aquí- existan algunos atravesados desconocidos que les pudieran dar una sorpresa,  pero coincido en que yo también sería sorprendido. Ese es el imponderable. Ellos se han pasado 54 años  defendiendo a la satrapía y  yo  he dedicado ese mismo tiempo a  perjudicarlos. Somos estudiosos y expertos en la misma materia y llegamos a las mismas conclusiones.

La situación es  que los verdaderos enemigos del castrismo tienen un historial público de combate, lo conocen ellos y lo conozco yo. Y estamos de acuerdo-como les dije antes-  en que las canas y las arrugas no son óbice para que hayan perdido el valor personal.  Ellos están en guerra eterna contra sus contendientes. Y hay  adversarios de la dictadura que están en la misma postura contra ellos. En el medio de estos dos grupos de acérrimos enemigos, está una masa apolítica, mansa y contemporizadora.

La creencia generalizada de que todos los exiliados cubanos pueden ir a visitar su país es una mentira.  Los verdaderos oponentes  no pueden ir a Cuba, porque si van, los  encierran o los asesinan. A José Dionisio Suárez Esquivel, a Guillerno Novo, a Aldo Rosado, a Pedro Remón, a Armando Valladares, a Reinol Rodríquez, los fusilarían en el mismo aeropuerto de Rancho Boyeros .

Al mismo tiempo, Antonio Rodiles, que vivía aquí y regresó a la Isla,  es considerado por algunos como un real opositor. Y yo les pregunto: ¿Ustedes creen que si la Seguridad del Estado lo creyera  un enemigo letal, este individuo estuviera en La Habana y recorriendo el país? Ramiro Valdés puede ir solo en alma a la residencia de Rodiles, sentarse en el portal,   fumarse un Cohiba,  y no recibiría  ni un arañazo. ¿Pudiera hacer eso mismo en la sala de la casa de Horacio Minguillón, o en el patio de Alvin Ross?

El enemigo sabe quiénes son los bravos y quienes son los inofensivos; estoy de acuerdo. Pero al igual que yo,  respetan más a los osados que a los pusilánimes.

Amabilidad del autor.
¡Muchas Gracias Estebita!
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