Pluma y estruendo. Sobre la marcha gay en La Habana


por Carlos Cabrera Pérez

Cuando a Fidel Castro le preguntaron por la matanza de Tianamen, culpó a la inexperiencia china en el manejo de protestas y se quedó mirando al periodista.

El cinismo interesado del comandante en jefe podría aplicarse ahora a sus herederos, que se debaten entre la pluma y el estruendo involuntario con que su torpeza reiterada adorna cualquier acción social que no obedece a la orientación bajada.

El pecado original no está siquiera en la aversión a la democracia incrustada en el ADN del castrismo; sino en que sus rejuegos politiqueros son maniobras tácticas a las que obliga su crisis económica crónica y a su necesidad de tender puentes con zonas transversales de la política mundial.

La caída del Muro de Berlín obligó al Palacio de la Revolución a amnistiar a intelectuales, vía arqueología gris; agencia de viajes y otras fruslerías; a gays y lesbianas, masones y religiosos; como hizo antes con la brujería para contrarrestar el catolicismo y la españolidad.

Por tanto, todas esas maniobras tácticas obedecen únicamente al apego del clan Castro a conservar todo el poder todo el tiempo; aunque para ello tengan que sonreír temporalmente a todos esos colectivos que los inquietan porque nunca son de fiar.

En esa estrategia, Mariela Castro Espín fue la encargada de domar a homosexuales y lesbianas a los que dejó claro que dentro de la revolución todo, y que fueran serían out por regla. Pero Mariela ha sido incapaz de liderar un proyecto que la sobrepasa porque nació con varias taras:

1.- Se sobreentiende que no habría que dar especial protección a gays y lesbianas porque son ciudadanos de esa Arcadia feliz que solo existe en la mente de los Castros y sus exégetas. Una Constitución y leyes que son asombro y envidia del mundo debían proteger eficazmente a todos los cubanos, al margen de su ideología y conducta sexual.

2.- La conga made in CENESEX era otro truco para vender papeletas de un circo saturado de trucos y carentes de la magia de los barbudos en 1959.

3.- Lo que ha cambiado en Cuba son los cubanos, que han sufrido el abandono del Buró Político y, junto con el decreto de Sálvese quien pueda; han tenido que exiliarse, inxiliarse, jinetear, hacer de mulas entre Miami, Panamá, España y la isla y, mientras tanto, no meterse en política. Pacotilleros por el comunismo es el eslogan del Hombre Nuevo.

El poder creyó que esta alianza táctica sería temporal, que una vez lograra reorganizar la OFICODA y las MTTs; volvería el viejo orden de austeridad para la mayoría y ventajas para los elegidos; pero una cosa cree que el borracho y otra el bodeguero; asi que no han conseguido hacer que la manada vuelva al redil, aunque parezca que la mayoría de los sufridos cubanos apoya la demencia que los desgobierna.

Dialécticamente, una concesión lleva aparejada otras y a ese esquema era alérgico el comandante en jefe, que siempre vio a intelectuales, gays y lesbianas, religiosos y masones como potenciales quintacolumnistas y a los que habría que fusilar o encarcelar a la hora de los mameyes.

Por tanto, el castrismo ha sido incapaz de generar zonas de confianza sólidas con colectivos con intereses propios que pasaron de la esperanza a la frustración en dos noticieros.

¿Por qué la brutalidad ejercida este sábado contra participantes en la marcha alternativa de gays y lesbianas, cuando lo sensato habría sido dejar que discurriera sin incidentes, sabiendo que el objetivo era darle un palito a Mariela y poco más?

Por el miedo que habita en el Palacio de la Revolución al efecto contagio; imaginaros que mañana marcharan los mineros, luego los agricultores, pasado mañana los boticarios y el sábado siguiente los pescadores de ribera; con el inconveniente del efecto frontera con barrios haitianizados por el comunismo.

Estas cosas con Fidel no pasaban porque estaría moviendo la cabeza y golpeando el suelo con su bota made in EMPROVA, mientras instruía a Abrantes de cómo lidiar con el lío este en que nos ha metido Marielita; mientras Joseíto estaría alistando al primer anillo, alertando a Francis de que sería un día complicado y rezando porque el jefe se le pasara pronto el berrinche porque un empingue del supremo duraba dos días viajando por centrales, desayunando en Picadura y maldiciendo a los bobitos esos que creen que haciendo concesiones nos van a perdonar.

Ya sé que los cubanos que vivimos en el extranjero no debíamos ocuparnos de estas cosas, debíamos dedicarnos a pacotillear y recargar en favor de la familia y amigos y mantener un bajo perfil, so pena de que nos acusen de estar amargados y frustrados por ser capaces de vivir en la crueldad del capitalismo y pendientes de la felicidad de Cuba.

Pero ocurre que carecemos de la grandeza del revolucionario que -como la prensa pagada por la dictadura y la intelectualidad amamantada, vive desvelado por las desgracias del mundo y ajeno a las de su tierra y la de sus hermanos.

¿Qué le vamos a hacer?, si además de gusanos estamos encaprichados en que una marcha gay y lésbica en La Habana no sea noticia represiva; y que nuestros hermanos tengan libertad, pan y medicamentos; aunque no piensen como nosotros.

Ni siquiera osamos pedir pescado; ese manjar exótico en una isla que se resiste a sucumbir a las perversiones de un grupito homófobo y liberticida, que se debate a la defensiva entre el miedo y las piruetas.

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