¿Qué piensan jóvenes de Raúl Castro?

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La Habana/Augusto Obrigado. Él es como es y punto, no hace grandes discursos pero sostiene un régimen gigantesco, no pretende ser el Gran Dictador pero no le queda más remedio que hacer de doble en esa película, no es el lado oculto de la Luna pero debió asumir ese rol antes de que el Gran Hermano perdiera sus siempre vigilantes y negras fuerzas. Si en la novela “1984” del inglés George Orwell el Gran Hermano te miraba, aquí el Pequeño Hermano se duerme en la silla presidencial mientras sostiene los poderes omnímodos de un país que emigra en grandes oleadas, de una nación que se está muriendo, de una juventud que ve su destino perderse entre las concentraciones de dinero robado y puesto a envejecer en las cuentas bancarias de los magnates del Imperio Isleño.Raúl es Raúl, dirá alguien en el futuro, como mismo otro ya definió al Gran Hermano: Fidel es Fidel. Pero a espaldas del pueblo están levantando el final del pueblo. Raúl es un nombre simple, como Juan o Pedro, pero Fidel no, Fidel era Fidel Alejandro como el macedonio, como el emperador que empaló dos mundos contrapuestos: Occidente y Oriente, Grecia y Persia. El menor es como una figura de feria en el teatro griego, como una mascarilla mal definida, el mayor era dios mismo (para él y sus seguidores). Raúl habla poco, no quiere que le hagan preguntas, se muestra con su familia, ha permitido ciertas aperturas y además recibió a un presidente de Estados Unidos y le dio derecho de palabra (cosa rara, privilegio que no tenemos los mismos cubanos). Fidel era megalómano, fanático al cine soviético sobre las batallas de la Segunda Guerra Mundial, Raúl en cambio parece degustar cosas más mundanas (quizás la televisión por cable, los partidos entre el Real Madrid y el Barcelona, los muñes junto a sus nietos). Fidel no era normal, Raúl está en la norma y el régimen le queda grande.

No se imagina nadie al actual ¿presidente? disertando como otrora hiciera su antecesor dinástico durante horas. En la lógica de los cuadros graduados en la Ñico López (escuela de formación política del régimen), los largos discursos son la forma más dialéctica de convencer y convencerse, el líder menor es un mal ejemplo a seguir, un error en la maquinaria belicosa y verbosa del sistema. Raúl persuade poco y se refugia en abandonar el poder pronto, dejarle el país a un grupo de burócratas que hablan de planes de desarrollo para el 2030, fecha en que nadie sabe ni cómo andará el mundo, tiempo que suena a nuestros oídos como ese “1984” de Orwell. La utopía vuelve a posponerse y se transforma en distopía, en el engaño número 30 dentro de una larga data de cifras sin orden ni lógica.

Los planes del desarrollo son ruidos para los oídos del dictador Raúl, otra quimera más que debe agitar ante un pueblo que no lo sigue pero que tiene que simular con constancia, porque el líder menor, como el mayor, pide total adhesión, no admite réplicas, ha petrificado su palabra en un monumento invisible. Ellos son los históricos, los que se colocan al lado de Martí y Maceo y se igualan a ellos, los que en una canción asumen el blasfemo beneficio de compararse con Jesucristo. La obra que no hicieron, la gloria que no se ha vivido (parafraseando al cantante Pablo Milanés), es mayor que cualquier propuesta de República, que cualquier política seria e inclusiva que intente poner fin a un drama nacional donde el salario mensual fluctúa entre los 10, 20 y 40 dólares al mes con los precios de la vida de un país capitalista de primer mundo. ¿Mejor será hundirnos en el mar, que antes traicionar la gloria que no se ha vivido?

Raúl no tiene planes para Cuba, eso lo sabe hasta el vendedor de viandas de Centro Habana, pero este Pequeño Hermano asume en sus manos el poder militar, ese reducto donde radica de veras el poder. Porque ni el Comité Central, ni el Consejo de Estado, ni el Consejo de Ministros (mucho menos la Asamblea Nacional), son muestras de democracia ni de decisiones compartidas. Antes bien forman la comparsa del espejismo con que el sistema vende ante el mundo su democracia “de nuevo tipo”, la misma democracia que no puede ofrecer mejores salarios, ni pensar siquiera en un horizonte coherente y prometedor para todos los cubanos. La misma democracia del quédate o vete (como dijo Carlos Varela), esa que fabricó gusanos y los puso a producir dólares-remesas como buenos gusanos de seda. La misma democracia que no reconoce aún al emigrado como una figura política con derecho a voto, a cambiar los destinos del país, a pensar, porque el pensamiento no es lo fuerte de esa democracia bovina.

No hay planes, sólo hay Castros y castraciones, luego vendrá la nada nacional. Esa es la “Historia” con mayúsculas que ellos quieren escribir. El año comienza en la isla como siempre, nadie tiene en cuenta los bombos y platillos de la televisión sobre un aniversario más del triunfo, la gente simplemente se desea un mejor año mientras los familiares de la diáspora sueñan con un cambio total. Las oraciones de los religiosos y los no creyentes se unen en el clamor de que el 2030 no sea otro “1984”, el régimen tiene manía por las fechas y las cifras, también siente maña por incumplirlo todo y aún así declararse victorioso. Raúl es la miniatura que nos legó un alfarero traidor, no se puede esperar mucho, no se permiten las grandes expectativas.

 

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