Se busca un culpable

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

Demasiado caras nos salieron una salud y una educación universales que tampoco cumplen con los estándares idóneos.

La Habana/Augusto Obrigado. Donde prevalece el mal deseo hacia el otro, nadie avanza, todo se queda en el retrato eterno, ni siquiera hay un cortometraje sobre el contenido de la vida. En la mente del envidioso no es posible el éxito ajeno, en tanto no ha sido posible para él. Existen varias formas de interpretar por qué se le cierra el paso a los jóvenes, pero lo principal lo hallamos en esa ansiedad por el retrato inmóvil y en el rechazo a que transcurra el libre devenir de la vida, que pone a cada quien en su sitio. En lo personal, siempre he confiado en mis facilidades y mis limitaciones, para eso sirve el viejo “conócete a ti mismo” socrático.
Hay en Cuba varios medios alternativos que están cumpliendo una función de alteridad con respecto al discurso apologético. Lo apolíneo se enfrenta al talento y las leyes del tiempo que ya dictan una nueva era. La gente escribe no sólo por libertad sino porque necesita otra vida, otro aire. El oxígeno se nos acaba entre tanto gasto militar y vigilancia, la vida se nos agota porque no nos dejan vivirla. Pero por encima de todo, prevalece la envidia hacia lo joven, hacia lo nuevo, hacia el desarrollo. Eso es lo más peligroso, eso nos daña más que nada. Sano resulta que aparezca un discurso de alteridad si el que ha existido comienza a darnos muestras de chochez, pero insana como la hiel fue la detención de Elaine Díaz, la periodista y directora de “Periodismo de barrio”, quien fuera a los predios de Baracoa a hacer una cobertura sobre el paso del huracán Mattew. Nada justifica aterrorizar a una muchacha, recién salida de la adolescencia, sólo porque entiende que su deber ciudadana estaba allí.



Pero allí no para todo, el concepto de ofensiva, que desde las ínfulas más infladas arremete contra cualquier voz, va siendo la cotidianidad de cuartel que deben sufrir los cubanos más brillantes. Porque no se trata de una búsqueda de proyecto de país en colectivo, sino de asumir por herencia impuesta lo que ha demostrado ineficacia. Un socialismo que pierde su matiz social y asume ribetes neoliberales y de privatización, donde una burocracia empoderada está cada vez más en condiciones de suceder los restos de Revolución que puedan quedar. Un panorama que por decreto no permite el desarrollo dentro de la isla y obliga a los jóvenes a tener como horizonte la emigración, el desencanto, el desarraigo y el resentimiento. Eso está pasando con los nuevos proyectos mediáticos, que los quieren ahogar. A pesar de la audacia, de la inteligencia, del servicio útil que prestan estos nuevos periodistas, la maquinaria sigue decretando una realidad irreal y los muele sin preguntar quién tú eres.
Para tales fines malévolos se prestan las firmas más autorizadas y mejor remuneradas de un sector periodístico empobrecido. La censura que ejercen va contra ellos mismos, contra los censores, pues no demuestran ya argumento racional alguno, sino que cumplen estrictas órdenes, como si la verdad se ensayara. El colmo de la payasada son los envidiosos, esos rastreros que ya mencioné al inicio y que se prestan para el daño sólo por molestar vidas. La guerra de generaciones ha traído hasta nosotros esas diferencias, esas rencillas. Uno lo nota en los centros laborales del Estado, donde generaciones envejecidas, o ya en retirada, se niegan a aceptar que vivieron el espejismo del sistema y que ahora otras verdades sustituyen la verdad monolítica.
Uno se preocupa por nuestros niños, por los adolescentes, uno sabe que todo debe ser reformado, que no tomará un rato en el devenir de la Historia. Uno sabe que existe un daño antropológico, que el homus cubensis se parece demasiado al homus soviéticus, donde predominan actitudes negativas ante el esfuerzo o ante el talento ajenos. Se estigmatiza al éxito si salió de manos creadoras y se le acepta si surge de la malversación. El hombre nuevo aprendió a no ser hombre. Uno sabe que los medios oficiales trasmiten esas mentiras que se repiten a través de los altavoces invisibles y visibles de la sociedad, donde todo el escenario está dispuesto para que funcionen los espejos, las cifras, las reiteraciones y las obediencias.
Demasiado caras nos salieron una salud y una educación universales que tampoco cumplen con los estándares idóneos. Poco obtuvimos de experimentar otro sistema en medio del hemisferio occidental, cuando las formas de democracia clásicas siguen siendo más efectivas que los sofismas populares y las seudoparticipaciones. La envidia de la vieja generación, lo frustrado de la derrota, nos corroen, impiden el paso a los aires del talento joven, asfixian a los nuevos periodistas, a la comunicación que no desea responder a un número mediocre y predeterminado de plantillas. El homus cubensis está más propenso a abandonar la patria que a creerse la patria, es un ser que además rechaza la hechura y rinde culto a lo prehecho. El automatismo nos trajo estos tarecos inhumanos del espíritu, se trata de formas esquivas y equívocas de vernos, pero que constantemente se alientan desde un poder central alienante.



En días en que se aborda la problemática del embargo, bueno será recordar que el sistema cubano pertenece a una casta de derrotados de la Historia, a una familia política cuyo desarraigado modelo jamás rindió los frutos humanistas prometidos. O sea, el socialismo universalmente tiene una deuda con los pueblos, una deuda de atraso, de dictaduras totalitarias y carencia de sentidos. Quienes hoy se escudan en lo que llaman “bloqueo yanqui” obvian que su sistema de gobierno socialista generó una claque burocrática, parásita, imposible de pagar, que empobreció al país. El inmovilismo de la economía y el pensamiento cubanos no fue diseñado en Washington, sino que La Habana decidió soberanamente hacerse ese harakiri desde el año 1961. Ministerios más grandes que la nación, formas de deshacer que generan el empoderamiento de lo peor de la sociedad, modelos de vida que contradicen todo viso humanista. Sería estúpido obviar que el ser se siente alienado en la Cuba de hoy. Sería por lo menos un error de cálculo ciego achacarlo todo a una causa externa. Todo el desencanto, la claustrofobia, el panóptico, la mentalidad carcelaria, el uso del pueblo como rehén ante el mundo y la negación de la democracia por vías descaradas. El cubano vive como en medio de una dádiva o vive perseguido por la (in)justicia.
Los asalariados acusan a todos de asalariados, los ladrones ven al lado a otro ladrón, la mafia se comporta acusatoria y se mofa de cualquier principio de la política, porque en el caso cubano el fin ha sido el poder y por supuesto que los medios quedaron justificados. Muchas veces me pregunto qué pasaría si este (des)gobierno cubano hubiese tenido en sus manos un poder parecido al de la Unión Soviética, probablemente el planeta estuviera desaparecido. La raza no descansa a causa de la existencia de males inhumanos como los que hemos sufrido durante sesenta años. Ha sido este egoísmo el dueño de nuestras vidas, se coloca como papá Estado, omnipresente dicta lo que es mejor para millones sin que medie la consulta. El cuento nadie lo cree pero cualquiera, que con alma de niño denuncie al rey desnudo, irá directo a la horca.
Es por tanto hipócrita pedir el fin del embargo externo, cuando se hace evidente la existencia de un sistema interno caduco, derrotado, dañino y manipulador. Cuba gana poco con el fin de las restricciones y la llegada del turismo estadounidense, pues los dineros ya tienen trazada su recta ruta. No obstante, el gobierno de La Habana se inquieta porque se ve venir el final del embargo y la clase dominante cubana pierde su muñeco de paja. Se busca un culpable para la puesta en escena de la nueva/vieja manipulación. Los caciques de las empresas para el enriquecimiento privado, los familiares de los policastros, los comerciantes al por mayor, vieron en Obama un posible socio económico que se desentendería de lo ideológico; un ejercicio antidialéctico propio de socialistas reales. Pero tras el discurso del Gran Teatro de La Habana, los cadáveres salieron de sus tumbas hiperbáricas para defender las “conquistas”, o sea los dineros malhabidos en este diseño que se nos ha impuesto.
“Se busca un culpable” pudiera rezar el cartel en la frente de los mediocres y envidiosos, los que aspiran a la reformulación de lo mismo. Como si el futuro fuese un cake por encargo, estos socialistas sin socialismo pretenden el engaño otra vez.



Comentarios