Sexo en San Rafael o la coartada de la promiscuidad

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La promiscuidad —gran generadora de paranoia, envidia y distracción— ha sido una de las dos grandes coartadas a partir de las cuales los hermanos Castro han logrado estructurar el totalitarismo en Cuba, y mantenerlo vigente. La otra, claro, es el rechazo a la responsabilidad (aquello que Erich Fromm llamara “el miedo a la libertad”). Por eso no entiendo muy bien la sorpresa o la indignación en las redes sociales ante el último video que nos llega de la Isla de los Espejitos, y en el que dos jóvenes mestizos hacen sexo genital en una esquina del Boulevard de San Rafael, en La Habana, rodeados de un público entusiasta. Más de lo mismo.
Dos cosas liberó el castrismo tras acceder al poder: la promiscuidad —incluida la sexual— y el alcohol a granel. Ambas ya existían y hasta proliferaban en Cuba, pero no de la manera subsidiada, institucional y cínica con que el nuevo poder las extendió y masificó, hasta pasarlas por agua. Y ambas empujan al individuo a airear su intimidad, a entregarse a la orgía colectivista del bochinche y el relajito para, finalmente, desembocar en la devastadora resaca de la delación y el chantaje emocional.




A partir de 1959, la retórica fundamentalista del castrismo, así como su control sobre el cuerpo social, hacen que el cuerpo físico, el individuo de carne y hueso, se refugie en sí mismo. La libertad se ejerce hacia dentro, el ultrajado se rebela penetrando o dejándose penetrar por cuerpos amigos. Extrañamente —o interesadamente—, la llamada “revolución” contribuye a ello desde diversos frentes: logra dinamitar la base moral de la familia, restándole autoridad a los padres; prohíbe, de facto, el ejercicio de la religión, cerrando los colegios católicos que existían en el país; con el pretexto de formar a la juventud en el amor al trabajo, la recluye en escuelas en el campo donde la promiscuidad y el sexo inter-generacional —de maestros con sus alumnas— alcanzan cotas difícilmente superables. Por añadidura, tanto el divorcio como el aborto gozan en la Isla de los Espejitos de facilidades institucionalmente soslayadas en el resto del mundo.
¿En qué pueden afectar al poder dos infelices dando y recibiendo cabilla en pleno San Rafael? Solo se afectan los propios infelices, que finalmente no pueden concentrarse en lo que están haciendo y deben interrumpir su cabalgata. Otra vez la promiscuidad atropellando la iniciativa del individuo, distrayendo su goce, coartando su derecho civil a la plenitud. En cada cuadra un HP. En cada barrio la distracción.

Armando Añel

NeoClub Press

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