ULTIMA HORA

¿Socialismo libertario para la nueva Cuba?

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Email this to someonePrint this page

ALEXIS JARDINES / EL NUEVO HERALD / JULIO 16, 2016

Salvo unos pocos devotos del marxismo, los cubanos no quieren más socialismo y lo demuestran, ante todo, emigrando. Pero, no emigrando hacia Corea del Norte, China o Venezuela, sino justo hacia aquellos países donde precisamente el capitalismo ha alcanzado su mayor esplendor. Si exceptuamos a los aproximadamente 700,000 militantes del Partido Comunista (único), sigue habiendo en la isla 11 millones reacios al sistema socialista, no importa si maquillado o travestido de democracia. Se sabe también que en la intimidad hasta los más ortodoxos se doblegan y que sus propios hijos se muestran tan refractarios a la épica revolucionaria como a los dogmas marxistas.
Así, pues, la verdad es bien distinta de lo que enarbolan los izquierdarios. Simplemente, un gran número de militantes de esos 700,000 tampoco quiere saber nada de socialismo. Lo mismo se hace extensivo a no pocos empresarios y hasta militares. Del sector intelectual cabría preguntar: ¿alguien ha tenido la curiosidad de contar las plumas que defienden el proyecto socialista y/o revolucionario? Solo los que usted ve por televisión o lee en la prensa oficialista. ¿Y qué decir del mundo académico? Solo apoya el socialismo parte de los profesores que militan en los núcleos del Partido de las universidades y esos estudiantes (que siempre los hay) cuya inteligencia es inversamente proporcional al uso de la verborrea marxista revolucionaria. La reciente re-designación temporal de Abel Prieto como ministro de cultura apunta, inequívocamente, a la soledad de la cúpula dirigente.
El izquierdario, que se declara enemigo del socialismo soviético, no solo copia al dedillo las ideas del materialismo histórico renovado o postestalinista, sino que también se apropia de sus recursos argumentales sin medir las consecuencias. Por ejemplo, ese pertinaz tildar a la Revolución cubana de socialismo burocrático con el propósito de exonerar de responsabilidad al marxismo y al socialismo ―tal y como hacían los soviéticos con su propio sistema― no parece advertir que en los Estados Unidos de América hay más burocracia que en Cuba y todos los países ex socialistas juntos. Sin embargo, el sistema funciona.




El problema del socialismo cubano no es la burocracia, es la ideología. Dicho de otro modo, el socialismo genera una burocracia consustancial no a la economía propiamente –en cuyo caso estaría ligada a la racionalización (en el sentido de Max Weber)– sino a la ideología, la cual se encuentra intrínsecamente vinculada a la lealtad. Consecuentemente, lo que sobra no es la burocracia, es el marxismo institucionalizado a la manera de ideología de Estado y consagrado en la Constitución de la República. Pero, también sobra ese “otro” marxismo con rostro de oveja, el cual pretende que Cuba y el mundo entero funcionen según las predicciones tabernarias de un alemán del siglo XIX.
A estas alturas, ponerle fin al trabajo asalariado y asentar el funcionamiento de la sociedad sobre el culto al marxismo “verdadero”, el odio irracional al capital, al capitalismo y al capitalista, mientras se disfruta parásitamente de sus logros y beneficios es –para usar una palabra del propio Lenin– vergonzante.
El Socialismo del siglo XXI de la izquierda latinoamericana también promete ser democrático y participativo como el que promueven hoy los libertarios insulares. De manera que podemos desglosar esta falacia del socialismo democrático y participativo del siguiente modo:
Socialismo del Siglo XXI (latinoamericano y de orientación populista) hoy en bancarrota.
Socialismo de B. Sanders (norteamericano y de inspiración nórdica) hoy en derrota electoral.
Socialismo Participativo y Democrático (cubano y de matriz soviética) hoy carente de toda base social y con una membresía tan exigua que no rebasa la docena.
La gran originalidad de la cepa criolla, como se ve, ha consistido en invertir el orden de las palabras. Así, en lugar de socialismo democrático y participativo (que es el populista latinoamericano y el de B. Sanders) se auto titula socialismo participativo y democrático. ¡Qué novedad!
Alguien ha escrito que capitalismo y democracia pueden coincidir, pero no son sinónimos. Yo quisiera completar la idea aseverando que socialismo y democracia (moderna) jamás coincidirán, porque son antónimos. La imagen de un Estado de derecho donde reinen las libertades individuales –y enfatizo esto último a riesgo de ser redundante– es incompatible con el social-ismo. Del mismo modo que la libertad o es individual o no es ninguna, así la democracia es refractaria al socialismo, sea de Estado, comunero o participativo. La historia conserva dos modelos de democracia: la esclavista y la capitalista. No se conoce, en cambio, que en algún lugar del planeta haya existido eso que llaman democracia socialista, a menos que sea la esclavista reciclada, como pensaron Spencer y Martí.

Académico Distinguido en Instituto de Investigaciones Cubanas, en FIU.



¿Qué Opinas?