The Washington Post: El escandaloso desaire de EEUU a la disidencia cubana

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The Washington Post: El escandaloso desaire de EEUU a la disidencia cubana.
Editorial publicado por el diario The Washington Post el 13 de agosto de 2015, en vísperas del izamiento de la bandera americana en la Embajada de EEUU en La Habana, con la asistencia del Secretario de Estado, John Kerry.




La bandera americana es un poderoso símbolo de la larga y noble lucha del país para defender los valores de la libertad y la democracia. Cuando este viernes el secretario de Estado, John F. Kerry, la eleve sobre la Embajada de Estados Unidos en Cuba, la ceremonia marcará el fin de medio siglo de hostilidad entre las dos naciones. El presidente Obama ha apostado a que el establecimiento de relaciones normales con Cuba -el comercio, la información, la cultura y el “poder blando”- es la mejor manera de cambiar el aislamiento de la isla, aún en las garras de los hermanos Castro y su esclerótica revolución.

Lo que es lamentable en el escenario previsto para el acto en La Habana es que el Señor Kerry haya decidido omitir a la misma gente que encarna en Cuba los valores representativos de la bandera estadounidense: la dignidad humana, la sabiduría del individuo por encima del Estado y el libre acceso a los derechos básicos de expresión, reunión y pensamiento. Estas personas -los disidentes que han luchado incansablemente dentro de Cuba por la democracia y los derechos humanos, y que continúan sufriendo palizas regulares y arrestos- no van a ser testigos del izamiento de la bandera. Ellos no fueron invitados.

La explicación oficial de Estados Unidos para excluir a los disidentes es que la ceremonia de izamiento de la bandera es un asunto de gobierno-a-gobierno. Esto no es convincente. Invitar a los disidentes sería una demostración frente a Raúl y Fidel Castro de lo que la bandera significa: gente que puede elegir libremente a sus dirigentes, un pluralismo de opiniones y la participación pública en las instituciones y tradiciones de una sociedad civil sana. No invitándolos a ellos resulta una triste propina depositada en el sombrero con que los Castro se han mantenido vívidamente atrincherados: la imposición por decreto, el estatismo, el control y el miedo.




No habría sido difícil encontrar testigos para este punto de inflexión entre quienes han sido amordazados y físicamente dañados en sus reclamos por ser escuchados: disidentes como Jorge Luis García Pérez [Antúnez] y Antonio Rodiles, la bloguera Yoani Sánchez, integrantes de las Damas de Blanco, por nombrar sólo algunos de ellos. Kerry ofrece reunirse con algunos de ellos por separado, fuera de la vista pública. Esto es insultante y sintoniza con el deseo de los Castro de que los disidentes sean escondidos y apartados.

En cierto sentido, la excusa “de gobierno-a-gobierno” ejemplifica lo que ha sido errático en el alcance de Obama desde el principio. El compromiso podría ayudar a esparcir la llama de los cambios en Cuba; la mayoría de los demócratas cubanos están de acuerdo. Pero esto no va a suceder automáticamente: Basta con mirar a China, con su capitalismo y bienestar mezclados con el incremento de los controles represivos.

Obama podría haber diseñado una política de compromiso que diera cabida a los derechos humanos y a sus valientes defensores, como alguna vez les prometió que haría. En su lugar, le ha otorgado toda legitimidad a un gobierno que nada puede exhibir en materia de derechos -que gobierna por la fuerza, y no con el consentimiento de los gobernados. Tal vez en la ceremonia, el Señor Kerry pudiera dejar, al menos, una silla vacía como símbolo de las personas y los valores que se mantendrán excluidos de los límites de la embajada.

Traducción: CaféFuerte

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