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Y, la generación del cambio. Por Ray Luna

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Y, la generación degenerada (o la generación del cambio)
Por Ray Luna
Foto: Claudio Fuentes
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Venía este recuerdo a mi mente cuando el otro día meditaba acerca de mi generación. ¿Pertenezco acaso a alguna generación? Sí, por supuesto que sí. No soy Baby Boomer ni Generación X (Millenial). Soy Generación Y. Por Generación Y no me refiero a la Generación Peter Pan, sino a la generación cubana de la [i] griega. La generación de cubanos, diríase, más odiada de la historia de Cuba como estado nacional.



Luego, me puse a pensar en cuál o cuáles serían los rasgos que definen a esta generación, porque no puede ser una generación definida por el uso adictivo de la vigesimosexta letra del alfabeto en el praenomen de nuestra tria nomina, una inexplicable moda de mediados de los 70. Semejante simplificación es inadmisible. El nombre del hombre no define al hombre, salvo que el hombre aspire al valor o valores que su nombre desea significar. No importa si usted se llama Yaima, Yusimí o Yunieski. Es la acción del hombre lo que define al hombre. Y para actuar, el hombre requiere de un código de conducta que lo ayude a fijarse metas. Son justamente estas metas las que definen a un número finito de hombres agrupados, o mejor, clasificados en distintas generaciones.
Sé que hay quien no aprecia ni acepta este tipo de clasificaciones; pero aborrecer la clasificación (marbetes, etiquetas, etc.) es aborrecer uno de los procesos más básicos e importantes de la razón. Clasificar es separar, discriminar. Quien crea que no es necesaria la clasificación, que imagine por un instante un mundo en donde la res extensa (todo aquello que puede medirse y ordenarse) se nos aparezca como algo nuevo, un mundo en donde nada estuviera separado. Sería imposible saber qué es qué. Sólo piense en esto ¿para qué serviría la memoria si no hay necesidad de discriminar un objeto de otro?
Ahora bien, la característica principal que distingue a esta [mi] generación, a lo que creo, es la de ser una generación degenerada. Con frecuencia la generación siguiente, aunque diferente, es admirada o, al menos, estimada por las genera anteriores; pero cuando la generación anterior detesta a la generación posterior —por las razones que sean—, se la considera una generación degenerada.
Degeneración significa, en principio, o sea, metafísicamente hablando, corrupción. La enfermedad y el envejecimiento son, por ejemplo, la degeneración de la vida por antonomasia. El desgaste es la degeneración de lo artificioso, de las máquinas. Así, pues, todas las generaciones se generan de la propia corrupción de la generación anterior. Toda generación tiene algo de aquello de lo que se está generando y que se ha corrompido antes. Sin importa si se trata de la generación biológica o la generación o reproducción técnica.
Frecuentemente, a los devotos del Mito Revolucionario les cuesta creer que la generación de la ye, sea el producto de aquella épica, que participe —sin pertenecer—de esa alma colectiva que llaman Revolución. La Generación Y no es como sus abuelos, pero tampoco como sus padres; son sus herederos, nació algún tiempo después de lo que fue un suceso traumático. Ni ganó la guerra, ni la perdió. No ganó la Batalla de Santa Clara, ni perdió en el Congo o Bolivia. Tampoco estuvo en Angola. Por eso a los Y no les cuesta reconciliarse con la historia. Más que por la épica revolucionaria, los Y se interesan por la historia de la vida cotidiana, una rama de la historiografía cubana que, de hecho, ya se está reescribiendo.
Una generación degenerada es una generación que da al traste con su propia cultura, con la tradición y, lógicamente, con la historia. Toda degeneración es, al fin y al cabo, destrucción creativa.
Generación es creación y procreación. El artista es capaz de crear, pero la idea primera que el artista se forma de su obra es muy distinta de la obra real. Así los padres conocen a sus hijos muy distintos de cómo los imaginaron. La obra pensada, imaginada, nunca es exactamente igual a la obra real. Durante la realización, o cosación de una cosa; durante la generación de una obra surgen pequeños detalles que distorsionan el modelo. Una casa real nunca será más perfecta que la casa pensada. El hombre nuevo diseñado por la ingeniería castrista dista mucho de su modelo.
Esta generación degenerada no encarna al hombre nuevo como tal, pues, el hombre nuevo, como obra de la ingeniería castrista fue un fracaso y los Y son aquella sección manufactura destinada al outlet.
Advierta mi lector, de otra parte, que no tuvo el socialismo cubano la pretensión eugenésica del soviético ni sus discípulos, los nazis. El tipo de generación que la ingeniería castrista (entiéndase castrismo aquí como ideología) pretende programar es la generación de copias. Habrá copias de primera generación, de segunda y de tercera pero no generaciones como tal. No se trata de una generación que dependa de la reproducción biológica, sino de la reproducción técnica. Lo que la ingeniería social castrista pretendió en un principio fue fabricar androides no-conscientes, incapaces de soñar con ovejas.
Desde el punto de vista genealógico, los Y tienen referencia directa, como es natural, en sus padres, la mayoría muy pequeños o recién nacidos cuando la deflagración nacionalista triunfó. Ellos no revolucionaron nada, a ellos los revolucionaron. Casi ninguno conoció o tuvo plena conciencia de haber vivido la era republicana. Ellos y los Y son revolucionados, sin embargo, la diferencia generacional radica en las minúsculas reminiscencias, la Cuba de cartón, borrosa, esculpida en la memoria de los padres. Además del sentimiento nacionalista que el castrismo supo inculcar en su ánimo a base de guerras liberacionistas que no dejaron tras de sí ni un solo país libre. Para los padres los Y hay un antes y un después, para los Y sólo hay lo que hay y nada más. Es quizá por eso que el desapego a la tierra, al concepto romántico de patria y de muerte por la patria, es tan grande en ellos. La diferencia entre los Y y sus padres es una diferencia de grado, no esencial. Los Y han sido revolucionados en menor grado.
Por otro lado, el Mito de la Revolución cubana, para la Generación Y, es el Mito de la Creación, la génesis de su realidad. La Revolución Cubana es el principio del que todo surge y se hace, su magna génesis. Su génesis es, por supuesto, la explicación que da validez a su existencia. Todo lo que es, es por algo más, es a partir de algo; pero la serie no puede llegar al infinito y por eso la Revolución es el Primer Motor.
En la cosmología de los Y, el mundo surge a partir de aquella convulsión violenta. Sin embrago, la Revolución cubana, como mito de la creación, no puede observarse desde una concepción cosmogónica hebraica o hesiódica, sino más bien prehispánica. El mito de la creación de los nahuas y del maya quiché es el mito que habría de referir en caso de necesitar un simbolismo. La Revolución cubana es el dios sol que nace de las entrañas de la tierra y, una vez instalado en el éter, lo adoramos a base de sacrificios, edificando templos. Sin sacrificios el sol dejaría de existir ¿cómo podrían sobrevivir las generaciones posteriores sin ese sol? Es la sangre —el divino líquido— derramada por Quetzalcoátl en el inframundo, son los trabajos de Hunahpú e Ixbalanqué, lo que une a los hombres con los dioses ¿cómo hemos de adorarlos? ¿Cómo se agradece su sacrificio? Sacrificios pide Huitzilopochtli, sacrificios pide Hu Nal Ye. Muerte al filo de obsidiana, étc.
Si ponemos el ojo occidental sobre nuestros padres, nosotros, la generación de la ye, a diferencia de ellos, ya nos encontramos en el período helenísitco de la superación del mito. Sin embrago, el período socrático de la superación del mito revolucionario tuvo lugar en la década de los ochenta, la década de los millenials.
Regresando al período socrático de la superación del mito revolucionario cubano, la década de los 80, nuestra puericia, diré que allí emerge nuestro deseo de explorar el universo, nuestras ganas de experimentar el exilio comienzan con Shogun y con Ulises 31. Rompimos la cortina de hierro cultural slavo-caribeña con antenas Yagi y al instante empezamos a errar por el mundo. He aquí la razón por la que el primer y más peculiar rasgo que define a la Generación Y es la repulsión hacia la sobreprotección, hacia el paternalismo estatal. (Nos gusta ganarnos las cosas, vivir en esta tierra como hombres, lo que es imposible sin el ejercicio de la libertad.) El segundo rasgo que define a la generación de [i] griega es su patriotismo racional. Los Y vencieron la ponzoña del chovinismo racista que el castrismo les inoculó cuando pequeños.
He aquí algunos rasgos sueltos de los Y:
—Es probable que de todos los santos del panteón revolucionario, los Y, sólo veneren a san Camilo.
—Que sienten amor por el conocimiento en general pero se inclinan decididamente hacia las humanidades, es un hecho. Desde pequeños gustaron de los comics (la revista ZunZun es recordada con ternura por ellos), la ciencia ficción, lo detectivesco.
—Sin duda gustan de la música, como toda generación, son rockeros (gracias a Martha Pita y el último video de Colorama), poperos y no tan salseros (salvo si hablamos del Miami Sound). Abominan el reggaetón. Los Y saben que la Nueva Trova es un falso género, que Silvio y Pablo no son sino epígonos de Bob Dylan, Dave Van Ronk, etc., (al decir esto no hacemos otra cosa que halagarlos), sin embargo, adoptaron la trova habanabiertosa.
—Aprecian la buena televisión.
—Son lectores de ensayos y personas que sólo pueden escuchar noticias en vez de música en la radio matutina, de lo contrario comenzan el día sintiendo nauseas.
—Son, en pocas palabras, los clasemedieros del socialismo cubano de los ochenta. Recuérdese que la clase media se encarga de proveer pensadores, literatos y científicos y líderes políticos a la sociedad.
—El buen gusto los define, estiman la moda sin ser vanidosos.
—Es un hecho que no se sienten latinoamericanos, ni en el plano lingüístico ni en el étnico. Saben su temperamento diferente, no mejor, pero sí diferente. Son latinos en lo que toca a la naturalidad, la espontaneidad de su conducta, de su trato, pero no latinoamericanos. Prefieren siempre el término Hispanoaméricanos. Pues, entienden muy bien las diferencias: no existe ni existirá nunca “nuestra América”.
—Reprueban el imperialismo como ideología política y son poco martianos, pues, el Martí deformado que les llegó y el que van descubriendo día tras día son dos opuestos.
—Son nada prejuiciosos. No existe raza, credo o preferencia sexual que no se bienvenida en su universo.
—Sus temas de conversación preferidos, aunque lo nieguen, son la política y la moral. La filosofía se les manifiesta en el asombro infantil por las cosas más increíbles. Como muchas otras generaciones sus mentes permanecen en perpetuo conflicto.
—No son ateos, son, simplemente, no creyentes muy tolerantes.
—Gustan del cine en demasía.
—Leen de todo, a nuestros autores y saben, por lo general, más de una lengua.
—No fueron los grandes deportistas pero valoran la vida sana sin llegar a los extremos.
—Son fans de lo detectivesco, por eso les agrada tanto la lógica, porque creen firmemente en el principio de coartada. Por eso son buenos investigadores. Es su razón la que guía sus emociones, no al revés.
—Son una generación con tendencias hacia el libertarismo político. Son, en definitiva, la generación del cambio.
Estos son sólo algunos de sus rasgos, los que, no caben dudas, convienen a otras generaciones cubanas y no cubanas también. No pretendo ser exhaustivo en este sentido. No obstante, sepa mi lector que pertenecer a la generación de la [i] griega no es una cuestión de actitud. Perteneces a ella lo quieras o no.
Sentir y pensar como la generación de la [i] griega no te hace parte de ella, si eres más viejo o más joven, ya no eres parte. Es decir, participas de ella sin pertenecer a ella.
Esta generación gobernará Cuba en un lapso no mayor a 20 años, ya cincuentones. Hoy la generación ronda entre los 35 y los 45 años. Pero esto no quiere decir que en el futuro sólo este rango de edad llevará las riendas de nuestra nación, si es que aún existimos como tal. Habrá gente de todas las edades participando en la política, mas en lo tocante al pensamiento y la idea de nación serán los Ye quienes marcarán la pauta. Todas las demás unidades generacionales orbitarán alrededor suyo.
Naturalmente, cuando se habla del futuro, no hay forma de saber si lo que se dice será o no; pero el futuro nos habla y nos da pistas que debemos interpretar. Aunque, el valor lógico de la verdad, o sea, la certeza de dicha interpretación, nunca será un valor al que se pueda aspirar cuando meditamos acerca del futuro. No obstante, si usted duda de mis vaticinios, entonces, usted no es Y.
Raimundus santaclarensis
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